Barrios, veredas, colegios y espacios culturales se convierten en escenarios de cuidado, liderazgo, participación y prevención.


En Manizales, la construcción de comunidad también ocurre en espacios que muchas veces pasan inadvertidos: una junta de acción comunal en una vereda, un encuentro de líderes de programas sociales, un colegio convertido en escenario de reflexión o una casa destinada a la dignidad de las mujeres.
Tres experiencias desarrolladas durante septiembre muestran distintas maneras de trabajar sobre un mismo territorio social: fortalecer las capacidades de las personas para cuidarse, participar, reconocer sus derechos, acompañar a otros y construir relaciones más respetuosas.
Los Talleres del Cuidado llegaron hasta la vereda Cueva Santa para conversar sobre autocuidado, corresponsabilidad y redes comunitarias. En Bosques del Norte, líderes y lideresas vinculados a Renta Ciudadana, Colombia Mayor y Renta Joven participaron en un nuevo encuentro de formación y planeación. Y desde la cultura, un proyecto circense llevó mensajes de prevención de las violencias basadas en género a seis instituciones educativas, tres rurales y tres urbanas, con una participación cercana a 4.000 estudiantes.
Son iniciativas diferentes, con públicos diferentes y metodologías diferentes, pero tienen un punto de encuentro: la comunidad no aparece únicamente como receptora de programas institucionales, sino como protagonista de procesos de aprendizaje, acompañamiento, participación y transformación.
El cuidado sale de las instituciones y llega a las veredas
El Sistema Municipal del Cuidado de Manizales continúa llevando sus talleres directamente a los territorios. Uno de los encuentros más recientes tuvo lugar en la vereda Cueva Santa, con el acompañamiento de su Junta de Acción Comunal.


La jornada fue concebida como un espacio de diálogo, formación y construcción colectiva alrededor de una pregunta que atraviesa la vida cotidiana de muchas familias: ¿quién cuida a quienes necesitan cuidado y quién acompaña a quienes realizan esa tarea?
La conversación permitió abordar el papel de las personas cuidadoras, la corresponsabilidad social, el autocuidado y la necesidad de fortalecer las redes comunitarias.
En los hogares existen personas mayores, personas con discapacidad, niños y otros integrantes que pueden requerir acompañamiento permanente. En muchos casos, ese trabajo cotidiano recae durante largos periodos sobre una sola persona, convirtiendo el cuidado en una responsabilidad individual cuando también puede ser entendida como una tarea colectiva.
Ese cambio de mirada es uno de los propósitos de los Talleres del Cuidado.
“El cuidado es un asunto de todos. Queremos hablar de autocuidado, corresponsabilidad y fortalecer las redes comunitarias que acompañan a quienes cuidan”.
La afirmación corresponde a Carolina Escobar, jefe de la Unidad del Fomento al Desarrollo de la Secretaría de las Mujeres y Equidad de Género, quien destacó la importancia de que la labor de cuidado no recaiga sobre una sola persona, sino que involucre a la sociedad.
El encuentro en Cueva Santa también permitió identificar necesidades y oportunidades para acercar la oferta institucional a los territorios rurales y promover una participación más activa de las comunidades.
La apuesta parte de reconocer que las dinámicas de cuidado no son iguales en todos los lugares. Las características de una vereda, un barrio, una familia o una red comunitaria pueden determinar las formas en que las personas se acompañan y enfrentan sus necesidades.
Por eso, llevar estos espacios hasta los territorios permite que la conversación no se quede únicamente en escenarios institucionales.
Una red que también se construye desde abajo
La invitación de la Alcaldía de Manizales está dirigida a juntas de acción comunal, líderes comunitarios, organizaciones sociales y habitantes tanto de sectores rurales como urbanos.
La intención es que los talleres puedan llegar a otros barrios y veredas y convertirse en espacios de formación y sensibilización sobre la cultura del cuidado.
Las comunidades interesadas pueden solicitar información sobre estos procesos mediante el correo gladys.galeano@manizales.gov.co, donde recibirán orientación sobre programación y rutas de participación.
La propuesta tiene una dimensión sencilla pero profunda: si cuidar hace parte de la vida cotidiana de las comunidades, las redes para cuidar también pueden construirse colectivamente.
De esta manera, el cuidado deja de ser entendido exclusivamente como una responsabilidad privada de las familias y comienza a incorporarse a la conversación comunitaria.
Liderar también significa aprender a participar
Mientras en Cueva Santa la conversación giraba alrededor del cuidado, en el sector de Bosques del Norte otro proceso comunitario buscaba fortalecer la capacidad de liderazgo de personas vinculadas a programas sociales.


La Secretaría de Desarrollo Social realizó allí el tercer Comité de Liderazgo Comunitario, dirigido a representantes de Renta Ciudadana, Colombia Mayor y Renta Joven.
El encuentro tuvo lugar en el CISCO de la Ciudadela del Norte y reunió a líderes y lideresas seleccionados durante los primeros encuentros comunitarios realizados en diferentes barrios de Manizales.
El criterio no fue únicamente la participación previa. Durante esas jornadas se identificaron personas con disposición para asumir roles de liderazgo y acompañar procesos de participación de los beneficiarios de los programas sociales en sus propios territorios.
La lógica cambia cuando los beneficiarios pueden convertirse también en interlocutores y dinamizadores de sus comunidades.
El comité incluyó una jornada de formación ciudadana activa liderada por la Contraloría, en la que se abordaron herramientas relacionadas con la participación y el ejercicio del liderazgo comunitario.
También hubo espacio para el trabajo colectivo y para que los asistentes plantearan inquietudes a las entidades participantes.
La formación ciudadana, en este contexto, no aparece separada de las necesidades concretas de las comunidades. La agenda incorporó asuntos directamente relacionados con los programas sociales, entre ellos información sobre pagos y otros aspectos de interés para los beneficiarios.
También se comenzó a preparar la asamblea general prevista para noviembre, escenario en el que se presentarán los avances de las acciones desarrolladas con los líderes.
Del beneficiario al actor comunitario
Uno de los asuntos abordados durante el comité fue la transición de los sistemas de información relacionados con la población beneficiaria.
La Secretaría de Desarrollo Social socializó orientaciones oficiales de Prosperidad Social relacionadas con los cambios y la transición del Sisbén hacia el Registro Universal de Ingresos (RUI).
El objetivo planteado es acompañar a los beneficiarios y facilitar el acceso a información clara y oportuna.
Pero el encuentro tuvo una dimensión que va más allá de la información administrativa.
Cuando una persona conoce las herramientas para participar, comprende mejor los mecanismos institucionales y puede transmitir información a otros integrantes de su comunidad, su papel dentro del territorio puede cambiar.
El liderazgo comunitario se convierte entonces en una forma de intermediación social: escuchar inquietudes, compartir información, acompañar procesos y ayudar a que otras personas conozcan las rutas institucionales disponibles.
Ese trabajo resulta particularmente importante en programas que involucran a poblaciones con necesidades diversas y en los que la información puede determinar la posibilidad de acceder oportunamente a un servicio o comprender un procedimiento.
La formación busca precisamente que esa participación tenga herramientas.
Cuando el arte se convierte en una conversación sobre violencia y respeto
Hay otra forma de llegar a las comunidades: hacerlo mediante el lenguaje del arte.



La Casa para la Dignidad de las Mujeres fue escenario del cierre de los encuentros pedagógicos desarrollados mediante estímulos culturales con enfoque de género.
La iniciativa buscó utilizar diferentes expresiones artísticas para generar reflexión y conciencia alrededor de la prevención de las violencias basadas en género.
Entre los proyectos apoyados estuvo Somos Huella, una iniciativa vinculada al Encuentro de Mujeres en el Circo y liderada por Carole Leguizamón.
Su sexta edición planteó una pregunta particular: cómo utilizar el lenguaje circense para construir una campaña de prevención de las violencias de género.
La respuesta salió de los escenarios tradicionales.
El proyecto desarrolló una caravana pedagógica y circense que recorrió seis instituciones educativas de Manizales: tres rurales y tres urbanas.
Cerca de 4.000 estudiantes participaron en actividades pedagógicas y recibieron módulos destinados a reforzar los mensajes de prevención.
La metodología puso en diálogo el circo, la educación y la reflexión social.
Natalia Gutiérrez, Profesional Universitaria de la Secretaría de las Mujeres y Equidad de Género, explicó la importancia de llevar estos mensajes a escenarios culturales capaces de acercarlos a públicos diversos.
“Si entregamos metodologías en espacios culturales como estos, podemos prevenir violencias para nuestros niños, para nuestras mujeres y que ellas se empoderen con un mensaje significativo”.
La funcionaria también invitó a la ciudadanía a seguir los canales institucionales y participar en los próximos procesos de estímulos culturales.
La experiencia plantea una idea relevante: hablar de prevención no necesariamente implica hacerlo siempre desde una conferencia o una campaña convencional. También puede hacerse mediante una obra, una experiencia circense, una exposición o una actividad que permita a niños y jóvenes relacionarse con el tema desde otros lenguajes.
Seis colegios, tres rurales y tres urbanos
El recorrido de Somos Huella tuvo además una característica importante para una ciudad con territorio urbano y rural: la iniciativa no se concentró exclusivamente en los colegios de la zona urbana.
La caravana llegó a tres instituciones rurales y tres urbanas.
La dimensión territorial permitió llevar una misma conversación a contextos educativos diferentes y utilizar el circo como herramienta para generar preguntas sobre las relaciones, el respeto, la igualdad y las violencias.
De acuerdo con Carole Leguizamón, el proyecto alcanzó aproximadamente a 4.000 estudiantes y permitió crear una obra que ahora puede ser llevada a otros territorios de Caldas.
Ese resultado amplía la vida de la iniciativa.
El proyecto deja de depender exclusivamente de las instituciones educativas donde se realizó la primera experiencia y puede convertirse en una herramienta susceptible de circular por otros municipios y comunidades.
Leguizamón también destacó el papel de los estímulos culturales para respaldar procesos que ya cuentan con trayectoria en la ciudad, visibilizar el trabajo de los artistas y dignificar sus procesos creativos.
En esa perspectiva, financiar una iniciativa cultural no significa únicamente producir una actividad puntual. También puede permitir que una metodología madure, encuentre nuevos públicos y amplíe su capacidad de intervención comunitaria.
Los niños también tienen algo que decir
La prevención de las violencias de género requiere espacios en los que niños y jóvenes puedan formular preguntas y expresar lo que piensan.
Durante el encuentro, Juan Pablo López, uno de los asistentes, destacó precisamente el valor de generar estas experiencias.
“Me parece muy importante que los niños tengan esos espacios de hacer este tipo de reflexiones”.
Su observación se relacionó con los mensajes encontrados durante la exposición y con la posibilidad de que estos espacios ayuden a las personas a expresar emociones y compartir experiencias.
También resaltó la importancia de abordar asuntos como la sexualidad desde el respeto, la tolerancia, el reconocimiento del otro y la igualdad.
La frase permite observar otra dimensión del trabajo comunitario: no se trata solamente de transmitir un mensaje institucional, sino de abrir espacios donde ese mensaje pueda ser interpretado, discutido y relacionado con experiencias personales.
En procesos pedagógicos de prevención, esa conversación puede ser tan importante como la actividad artística que la origina.
Tres escenarios, una misma pregunta
Una vereda, un barrio y seis instituciones educativas pueden parecer escenarios completamente distintos.
En Cueva Santa se habló de cuidado y corresponsabilidad.
En Bosques del Norte se trabajó sobre liderazgo, participación y organización comunitaria.
En los colegios se utilizó el circo para conversar sobre prevención de las violencias basadas en género.
Sin embargo, las tres experiencias comparten una característica: ponen a las personas en el centro de procesos que buscan fortalecer capacidades colectivas.
No se trata solamente de llevar una oferta institucional a un territorio.
El Taller del Cuidado necesita que una comunidad converse sobre sus propias redes.
El Comité de Liderazgo Comunitario necesita personas dispuestas a participar y acompañar a otras.
El proyecto artístico necesita estudiantes capaces de escuchar, preguntar, reflexionar y relacionar lo visto con su propia experiencia.
En los tres casos, la comunidad es necesaria para que la iniciativa tenga sentido.
Cuidar también es participar
La relación entre cuidado y participación puede parecer indirecta, pero ambas dimensiones se encuentran en la vida cotidiana.
Una persona que cuida a un familiar necesita redes de apoyo.
Una comunidad que identifica necesidades necesita personas dispuestas a organizarse.
Un joven que participa en una actividad pedagógica necesita espacios donde pueda expresar dudas, reconocer diferencias y aprender formas de relacionarse con los demás.
Por eso, fortalecer las redes comunitarias también implica ampliar las posibilidades de participación.
El trabajo institucional puede abrir puertas, entregar herramientas y acompañar procesos, pero buena parte de su permanencia depende de las relaciones que se construyen dentro de los territorios.
Ahí aparecen las juntas de acción comunal, los liderazgos sociales, las organizaciones culturales, las instituciones educativas, las familias y las propias personas beneficiarias de los programas.
Son estructuras diferentes, pero todas pueden funcionar como espacios de encuentro.
El territorio como lugar de aprendizaje
Las tres experiencias también muestran una transformación en la manera de entender los territorios.
La comunidad no está solamente en el lugar donde se ejecuta una política pública. También produce conocimiento sobre sus propias necesidades.
En Cueva Santa, el diálogo permitió identificar necesidades y oportunidades para acercar la oferta institucional.
En Bosques del Norte, los liderazgos fueron identificados a partir de encuentros comunitarios previos.
En las instituciones educativas, el proyecto circense llevó la prevención directamente a los espacios donde los estudiantes desarrollan buena parte de su vida cotidiana.
El territorio, por tanto, funciona simultáneamente como escenario de intervención y como fuente de información.
Esto resulta especialmente importante para una ciudad como Manizales, donde las realidades urbanas y rurales forman parte de un mismo municipio, pero tienen dinámicas sociales distintas.
Llevar las iniciativas a los lugares donde viven, estudian, trabajan y se organizan las personas permite que las políticas y programas encuentren interlocutores concretos.
De la actividad al proceso
Una característica que atraviesa las tres experiencias es que ninguna parece pensada exclusivamente como una actividad aislada.
El Taller del Cuidado puede solicitarse desde otros barrios y veredas.
El Comité de Liderazgo Comunitario hace parte de una secuencia de encuentros y prepara una asamblea general para noviembre.
Somos Huella llegó a una sexta edición y produjo una obra que puede continuar circulando por otros territorios.
Esa continuidad es significativa.
Una actividad puede generar un encuentro durante unas horas. Un proceso comunitario busca que lo aprendido permanezca después de que termina la jornada.
En ese sentido, las redes de cuidado, los liderazgos comunitarios y las metodologías culturales pueden convertirse en herramientas que siguen funcionando cuando ya no están presentes los funcionarios, los artistas o los equipos que inicialmente impulsaron las actividades.
Las redes que sostienen una ciudad
Manizales suele pensarse desde sus grandes obras, sus instituciones, sus escenarios culturales o sus programas públicos.
Pero una ciudad también se sostiene mediante relaciones mucho menos visibles.
La persona que acompaña a un adulto mayor.
La vecina que participa en una junta.
El líder que ayuda a resolver una inquietud sobre un programa social.
La docente que abre un espacio para hablar de respeto.
El artista que convierte una experiencia circense en una herramienta pedagógica.
El joven que pregunta.
La persona que decide participar.
Todas esas acciones hacen parte de una infraestructura social que no siempre aparece en las cifras de una administración, pero que determina buena parte de la capacidad de una comunidad para enfrentar sus problemas.
Los tres procesos desarrollados en septiembre ponen esa infraestructura en primer plano.
Desde el cuidado se busca reconocer a quienes cuidan.
Desde el liderazgo se busca fortalecer a quienes participan.
Desde el arte se busca crear herramientas para prevenir violencias y abrir conversaciones.
Son caminos diferentes para trabajar sobre una misma necesidad: construir relaciones comunitarias capaces de acompañar, escuchar y transformar.
Una ciudad también se construye cuidando al otro
La invitación que queda abierta desde estos procesos no está dirigida únicamente a quienes ya participan en organizaciones sociales.
También alcanza a quienes todavía no hacen parte de ellas.
Las juntas de acción comunal pueden solicitar los Talleres del Cuidado.
Los liderazgos de programas sociales pueden continuar fortaleciendo sus capacidades de participación.
Las comunidades educativas pueden encontrar en el arte nuevas formas de conversar sobre asuntos que afectan la convivencia.
La construcción comunitaria no depende de una sola institución ni de un único programa.
Se produce cuando distintas personas encuentran razones para encontrarse y herramientas para trabajar juntas.
En Cueva Santa, esa conversación comenzó alrededor del cuidado.
En Bosques del Norte, alrededor del liderazgo y la participación.
En los colegios, alrededor del arte como herramienta para prevenir violencias.
Tres experiencias distintas que terminan encontrándose en una idea sencilla: una comunidad más fuerte no es aquella en la que nadie necesita ayuda, sino aquella que desarrolla redes para acompañar a quienes la necesitan.
Y en esa tarea, cuidar, participar, aprender y crear también son formas de construir ciudad.

