Caldas fortalece el PAE mientras Manizales incorpora saberes comunitarios a su nuevo Plan de Educación Ambiental.


La educación no ocurre únicamente dentro del aula. También depende de las condiciones en las que estudian los niños, niñas y jóvenes, de los servicios que acompañan su permanencia en el sistema educativo y de la capacidad de las comunidades para participar en la construcción de respuestas a los problemas de sus territorios.
Dos procesos desarrollados en Caldas durante septiembre de 2026 muestran esas dimensiones complementarias. Por un lado, la Gobernación de Caldas destinó más de $52 millones para entregar 24 neveras y congeladores a instituciones educativas de 17 municipios, una dotación que beneficia a 5.036 estudiantes y busca garantizar la adecuada conservación de los alimentos del Programa de Alimentación Escolar, PAE.
Por otro, en Manizales, la Secretaría de Medio Ambiente realizó un Encuentro PROCEDA, en el que representantes de los Procesos Ciudadanos de Educación Ambiental compartieron experiencias, necesidades y problemáticas de sus comunidades como insumo para la construcción del diagnóstico del Plan de Educación Ambiental Municipal, PEAM.
Son dos acciones diferentes, pero conectadas por una misma pregunta: ¿qué condiciones necesita una comunidad educativa para que el aprendizaje trascienda las paredes de la escuela?
Refrigeración para garantizar la alimentación escolar
La dotación entregada por la Secretaría de Educación de Caldas está compuesta por 24 neveras y congeladores destinados a instituciones educativas de municipios como Aguadas, Belalcázar, La Merced, Marquetalia, Pácora, Pensilvania, Villamaría, Victoria, Marmato, Samaná, Risaralda, La Dorada y Manzanares.


La inversión supera los $52 millones y alcanza a 5.036 estudiantes.
La finalidad inmediata es concreta: contar con equipos adecuados para conservar los alimentos que hacen parte del PAE y mantener las condiciones necesarias para su almacenamiento en los restaurantes escolares.
La acción se desarrolla además en un contexto particular para el departamento. Mientras continúa la recuperación de las instituciones educativas afectadas por el terremoto del 10 de agosto de 2026, la administración departamental mantiene otras acciones relacionadas con la atención integral de los estudiantes.
El Programa de Alimentación Escolar constituye uno de esos servicios complementarios que acompañan la permanencia de niños, niñas y jóvenes en el sistema educativo.
El secretario de Educación de Caldas, Luis Herney Vargas Barrera, explicó que la dotación hace parte del trabajo que se viene adelantando para fortalecer el programa.
“Estamos felices porque continuamos trabajando en pro de nuestro Programa de Alimentación Escolar. Las instituciones educativas beneficiadas contarán con elementos de refrigeración que les va a permitir atender a nuestros jóvenes y niños y permitirles garantizarles comida y alimentación idónea”.
La infraestructura de un restaurante escolar puede parecer un asunto operativo, pero tiene una relación directa con la prestación del servicio. La conservación adecuada de los alimentos es una de las condiciones necesarias para que estos puedan llegar a los estudiantes en condiciones apropiadas.
Por eso, la entrega de los equipos no se limita al suministro de un electrodoméstico. Forma parte de una cadena que comienza con la adquisición y preparación de los alimentos y termina en el momento en que estos son servidos a los estudiantes.
La Mermita, en Aguadas, recibe una de las dotaciones
Entre las instituciones beneficiadas se encuentra la Institución Educativa La Mermita, de Aguadas.
Su rector, Fabio Armando Tautiva Agudelo, destacó precisamente la relación entre la dotación y las condiciones del restaurante escolar.
“Para nosotros es muy importante contar con este tipo de dotación porque es un beneficio para el restaurante escolar, ya que permite que los alimentos estén bien conservados y se necesita que nuestros estudiantes tengan una muy buena salud”.
El rector también agradeció a la Secretaría de Educación de Caldas, al secretario y al equipo del Programa de Alimentación Escolar por la entrega.
“Muchas gracias, lo recibimos con mucho gusto y con mucho cariño”.
El caso de La Mermita permite observar la dimensión cotidiana de una inversión departamental que, vista desde las cifras generales, comprende 24 equipos, 17 municipios y más de 5.000 estudiantes.
En cada institución, sin embargo, la dotación se incorpora a una dinámica concreta: recibir alimentos, almacenarlos, conservarlos y utilizarlos en la preparación de las raciones destinadas a los estudiantes.
La Gobernación señaló que continuará gestionando recursos y acciones orientadas a fortalecer el PAE y las condiciones de las instituciones educativas, especialmente mientras avanza la recuperación posterior al sismo.
La otra escuela: aprender desde el territorio
Mientras en las instituciones educativas de Caldas se trabaja para mejorar condiciones materiales asociadas con la alimentación escolar, en Manizales otro proceso educativo parte de un principio diferente: el territorio también es un espacio de aprendizaje.

El Encuentro PROCEDA, convocado por la Secretaría de Medio Ambiente de la Alcaldía de Manizales, reunió a representantes de los Procesos Ciudadanos de Educación Ambiental del municipio.
El objetivo fue compartir experiencias, identificar necesidades y recoger aportes para la construcción del diagnóstico del Plan de Educación Ambiental Municipal, PEAM.
Aquí la lógica cambia.
No se trata de dotar una institución con un equipo específico, sino de escuchar a quienes desarrollan procesos ambientales directamente en los barrios, sectores y comunidades de Manizales.
Los participantes pusieron en común las experiencias que han desarrollado en sus territorios y las situaciones ambientales que identifican en sus comunidades.
Ese ejercicio permite construir una lectura más próxima de las realidades ambientales del municipio.
¿Qué puede aportar una comunidad a un plan de educación ambiental?
El diagnóstico del PEAM busca precisamente responder a esa pregunta desde múltiples territorios.


Durante el encuentro se abordaron problemáticas, necesidades, fortalezas y oportunidades relacionadas con el trabajo de los PROCEDA.
La información recopilada constituye un insumo para comprender las dinámicas ambientales desde la perspectiva de las personas y organizaciones que trabajan directamente con las comunidades.
Eso tiene una importancia particular en un instrumento de planificación.
Una lectura exclusivamente técnica puede identificar condiciones ambientales, riesgos, problemas de disposición de residuos, conflictos relacionados con el territorio o necesidades de sensibilización. Pero los procesos comunitarios pueden aportar otra capa de información: cómo se manifiestan esas situaciones en la vida diaria, qué respuestas ya existen y cuáles son las dificultades que encuentran quienes intentan actuar sobre ellas.
Por eso, el encuentro funcionó también como espacio de intercambio de conocimiento.
Los diferentes procesos comunitarios pudieron conocer experiencias desarrolladas en otros sectores, compartir aprendizajes y reconocer capacidades que ya existen en la ciudad.
Los PROCEDA como puente entre comunidad y educación ambiental
Los Procesos Ciudadanos de Educación Ambiental cumplen una función que va más allá de transmitir información sobre el cuidado del ambiente.
Su trabajo busca promover educación, sensibilización y participación ciudadana alrededor de las situaciones ambientales que afectan a las comunidades.
En la práctica, esto significa acercar la educación ambiental a los lugares donde las personas viven y trabajan.
El territorio deja entonces de ser solamente el escenario en el que ocurre un problema ambiental y se convierte también en un espacio desde el cual pueden construirse conocimientos y alternativas.
Un proceso de educación ambiental puede partir de una situación específica identificada por los habitantes, de una problemática que se repite en un sector o de una iniciativa comunitaria que ya está funcionando.
El encuentro permitió precisamente reconocer esas experiencias y reunirlas como parte de una conversación más amplia sobre las necesidades del municipio.
Escuchar antes de planificar
Uno de los elementos centrales del encuentro fue la participación comunitaria.
Para la Secretaría de Medio Ambiente, escuchar a quienes habitan y trabajan en los territorios constituye un componente fundamental para construir instrumentos de planificación ambiental.
Los aportes comunitarios complementan la información técnica y ayudan a ampliar la lectura sobre las condiciones y necesidades de educación ambiental de Manizales.
La diferencia puede parecer sutil, pero resulta importante.
Un diagnóstico elaborado únicamente a partir de información institucional describe determinadas condiciones. Un diagnóstico que incorpora las experiencias de las comunidades puede añadir información sobre cómo esas condiciones son percibidas, experimentadas y enfrentadas en los diferentes sectores del municipio.
El proceso del PEAM busca recoger justamente esas capas de conocimiento.
Por ello, el Encuentro PROCEDA no representa el cierre de un proceso, sino una etapa dentro de la construcción del diagnóstico.
Dos inversiones, una misma idea: las condiciones también educan
Las dos noticias parten de escenarios diferentes.
En Caldas, la preocupación está relacionada con las condiciones materiales necesarias para prestar adecuadamente el servicio de alimentación escolar.
En Manizales, el foco está puesto en la participación ciudadana y en la construcción colectiva de conocimiento para orientar la educación ambiental.
Pero ambas experiencias permiten mirar la educación desde una perspectiva más amplia.
Un estudiante que recibe su alimentación escolar depende también de una infraestructura que permita conservar adecuadamente los alimentos.
Una comunidad que participa en la solución de sus problemas ambientales necesita espacios para compartir conocimientos, reconocer experiencias y aportar a las decisiones que afectan su territorio.
En ambos casos, la educación aparece vinculada con algo que ocurre más allá de las clases.
El restaurante escolar hace parte de las condiciones que acompañan la permanencia educativa.
Los procesos ambientales comunitarios hacen parte de una educación que continúa fuera de las aulas.
El reto después de recoger los aportes
Tanto la dotación del PAE como el encuentro PROCEDA tienen una característica común: la entrega o recopilación de un insumo no constituye por sí sola el resultado final.
Los 24 equipos entregados a las instituciones educativas deben incorporarse a la operación cotidiana de los restaurantes escolares y cumplir la función para la que fueron destinados.
De igual manera, los aportes recogidos durante el Encuentro PROCEDA deberán incorporarse al proceso de diagnóstico del Plan de Educación Ambiental Municipal.
En el primer caso, el reto está en que la infraestructura disponible contribuya efectivamente a conservar los alimentos y fortalecer la prestación del servicio.
En el segundo, en que las experiencias y necesidades expresadas desde los territorios encuentren un lugar dentro de la planificación ambiental del municipio.
Son procesos distintos, pero ambos dependen de lo que ocurra después de la noticia.
Educación que se sostiene en lo cotidiano
La escuela puede verse como un edificio, un salón, un tablero y un horario. Pero las condiciones que permiten que el proceso educativo funcione son mucho más amplias.
Incluyen alimentación, infraestructura, servicios complementarios, seguridad, participación, relación con el territorio y capacidad de las comunidades para construir conocimiento.
La inversión de más de $52 millones en equipos de refrigeración para el PAE aborda una de esas condiciones desde la infraestructura.
El Encuentro PROCEDA aborda otra desde la participación.
Una busca que los alimentos destinados a más de 5.000 estudiantes puedan conservarse adecuadamente en sus instituciones.
La otra busca que las experiencias de quienes trabajan en educación ambiental desde los territorios sean tenidas en cuenta para construir una herramienta de planificación municipal.
Así, entre neveras, restaurantes escolares, reuniones comunitarias, experiencias ambientales y diagnósticos, aparecen dos maneras concretas de entender que educar no consiste solamente en transmitir contenidos.
También significa crear condiciones para permanecer en la escuela, recibir servicios adecuados, comprender el territorio y participar en las decisiones que afectan la vida colectiva.
Dos territorios, dos procesos y una agenda educativa más amplia
Caldas enfrenta simultáneamente el desafío de recuperar instituciones educativas después del terremoto y mantener funcionando los programas que acompañan a sus estudiantes.
Manizales, por su parte, avanza en la construcción de un diagnóstico que busca reconocer las necesidades de educación ambiental desde las experiencias de las comunidades.
En ambos escenarios, el territorio aporta una parte fundamental de la respuesta.
En las escuelas rurales y urbanas, la infraestructura y los servicios determinan parte de las condiciones concretas en las que aprenden los estudiantes.
En los barrios y comunidades, las experiencias acumuladas pueden aportar conocimiento para diseñar mejores acciones de educación ambiental.
La educación, vista desde estos dos procesos, aparece entonces como una tarea que involucra instituciones, docentes, estudiantes, familias, comunidades y administraciones públicas.
Y también como un proceso que necesita algo más que discursos: equipamiento que funcione, participación que sea escuchada y decisiones que incorporen lo aprendido en el territorio.

