De la botella amarilla a los corales: el doble reconocimiento que pone a la ILC en el mapa nacional

Economía, Turismo & Desarrollo

La Industria Licorera de Caldas ganó el Gran Effie y el Premio BIBO con dos historias distintas: crecimiento de marca y economía circular.

La Industria Licorera de Caldas obtuvo en septiembre de 2026 dos reconocimientos nacionales en campos aparentemente distintos: el Gran Effie Colombia, máximo premio a la efectividad del marketing, por la estrategia del Aguardiente Amarillo de Manzanares, y el primer lugar del Premio BIBO en bioeconomía por “Arena que transforma”, iniciativa que convierte envases de vidrio recuperados en material utilizado en infraestructura sostenible y restauración de ecosistemas marinos en San Andrés.


Dos premios, dos historias y una misma empresa

Hay reconocimientos que hablan de una campaña. Otros hablan de una iniciativa ambiental. Y hay ocasiones en las que ambos terminan llegando a la misma puerta.

Eso ocurrió en septiembre de 2026 con la Industria Licorera de Caldas (ILC).

La empresa obtuvo el Gran Effie Colombia 2026, considerado el máximo reconocimiento del país a la efectividad del marketing y la publicidad, con el caso “Aguardiente Amarillo de Manzanares, y de Colombia”, desarrollado junto con la agencia manizaleña CJ Martins.

Pero la noticia no terminó allí.

La ILC también consiguió el primer lugar en la categoría Bioeconomía para el desarrollo de los territorios del Premio BIBO 2026, organizado por El Espectador, con “Arena que transforma”, una iniciativa que busca darle una segunda vida a los envases de vidrio mediante su transformación en arena de vidrio para aplicaciones de infraestructura sostenible y restauración de ecosistemas marinos en San Andrés.

Son dos historias diferentes.

Una habla de marca, estrategia, creatividad y resultados comerciales.

La otra habla de residuos, economía circular, reciclaje, alianzas territoriales y ecosistemas marinos.

Juntas cuentan algo más interesante: el intento de una compañía nacida en Caldas por construir valor en dos terrenos que normalmente se cuentan por separado.

El mercado.

Y el ambiente.


El Gran Effie: cuando una marca regional dejó de ser solamente regional

Para entender el tamaño del reconocimiento hay que empezar por el premio.

Los Effie Awards Colombia 2026 llegaron a su vigésima edición y reunieron los casos considerados más destacados de la industria nacional del marketing y la publicidad.

La ILC llegó a la instancia final entre 226 casos finalistas.

El caso presentado fue:

“Aguardiente Amarillo de Manzanares, y de Colombia”.

La estrategia obtuvo primero el Effie de Oro en la categoría Éxito Sostenido.

Ese resultado abrió la puerta al siguiente nivel.

El Gran Effie.

El mecanismo es particularmente exigente: el máximo reconocimiento se disputa entre los casos que previamente obtuvieron oro en sus respectivas categorías.

Por eso no se trata simplemente de otro premio.

Es el premio que selecciona, entre los mejores casos ganadores, el que alcanza el máximo reconocimiento a la efectividad.

Según la información suministrada por la ILC, desde 2006 solamente 10 marcas y agencias creativas habían recibido este galardón en Colombia antes de esta edición.

En 2026 entró la Industria Licorera de Caldas.

Y con ella, una marca cuyo nombre lleva directamente a un municipio de Caldas.


Manzanares dejó de ser solamente el origen

El nombre tiene una particularidad.

Aguardiente Amarillo de Manzanares.

La denominación mantiene la conexión con su origen caldense, pero la marca dejó de jugar únicamente en el terreno de los consumidores de la región.

Los resultados presentados para el caso Effie muestran la magnitud del desplazamiento.

En 2022 se comercializaron aproximadamente 2,9 millones de unidades.

En 2025 fueron más de 24 millones.

Eso significa que en tres años el volumen vendido multiplicó varias veces el registrado al comienzo del periodo analizado.

La participación de mercado también cambió.

Pasó de 7,7 % en 2022 a 21,2 % en 2025, según las cifras presentadas por la compañía para el caso premiado.

Y existe otro indicador que ayuda a entender el posicionamiento alcanzado:

La ILC señala que cinco de cada diez colombianos conocían y consumían el producto.

Más allá de la botella, la cifra muestra el desplazamiento de una marca que consiguió instalarse en una conversación nacional.

Ese es precisamente el territorio que evalúa un Effie.

No solamente si una campaña fue llamativa.

No solamente si tuvo alcance.

Sino si la estrategia consiguió resultados verificables para la marca.


El premio no nació de un día para otro

El Gran Effie de 2026 tampoco apareció aislado.

Un año antes, en los Effie Awards Colombia 2025, la Industria Licorera de Caldas había conseguido un Effie de Plata en la categoría David y Goliat con el caso:

“Aguardiente vs. Guaro, la pelea del siglo”.

La secuencia importa.

Primero hubo reconocimiento a una estrategia.

Después llegó un oro.

Y finalmente el Gran Effie.

Por eso la compañía presenta el resultado de 2026 como la consolidación de un proceso desarrollado durante varios años.

Diego Angelillis Quiceno, gerente general de la Industria Licorera de Caldas, destacó precisamente esa continuidad.

“Este primer Oro y Gran Effie en la historia del marketing y la publicidad de Caldas, ratifican el enfoque estratégico y efectivo del trabajo realizado conjuntamente entre los equipos de la Industria Licorera de Caldas con su marca Aguardiente Amarillo de Manzanares, y la agencia CJ Martins”.

Hay aquí otro elemento que merece atención.

La campaña no fue desarrollada en solitario desde Bogotá ni atribuida a una agencia internacional.

El trabajo premiado involucró a CJ Martins, agencia manizaleña, junto con los equipos de la licorera.

Dos organizaciones caldenses.

Un premio nacional.

Y una marca cuyo nombre conserva una referencia directa al territorio.


¿Qué fue lo que realmente ganó el Effie?

Esta pregunta es importante porque existe una diferencia entre ganar un premio de publicidad y ganar un premio de efectividad.

Una campaña puede ser divertida.

Puede ser viral.

Puede tener una producción espectacular.

Puede conseguir millones de reproducciones.

Pero eso no necesariamente significa que haya sido efectiva para una marca.

El modelo Effie pone el foco en otra pregunta:

¿Funcionó?

En el caso del Aguardiente Amarillo de Manzanares, los indicadores presentados por la compañía apuntan a tres transformaciones.

1. Más unidades

De 2,9 millones en 2022 a más de 24 millones en 2025.

2. Mayor participación

De 7,7 % a 21,2 % del mercado reportado para el periodo.

3. Mayor penetración

La compañía señala que cinco de cada diez colombianos conocían y consumían la marca.

Los tres indicadores apuntan en la misma dirección.

No se trata solamente de hacer visible un producto.

Se trata de convertir esa visibilidad en consumo y participación de mercado.

Ahí está buena parte de la explicación del Gran Effie.


El segundo premio llegó desde otro frente

Mientras el Amarillo competía en el terreno de las marcas, otra iniciativa de la ILC estaba compitiendo en un escenario completamente diferente.

El Premio BIBO 2026 reconoció iniciativas ambientales innovadoras con impacto positivo en los ecosistemas.

En su decimosexta edición participaron 103 proyectos de todo el país.

La ILC consiguió el primer lugar en:

Bioeconomía para el desarrollo de los territorios.

El proyecto premiado se llama:

“Arena que transforma”

Y su punto de partida es bastante sencillo de entender.

Una botella de vidrio termina su ciclo de uso.

En lugar de considerarla únicamente un residuo, la empresa busca convertirla en un nuevo recurso.

El vidrio recuperado se transforma en arena de vidrio que puede utilizarse en infraestructura sostenible y en procesos de restauración de ecosistemas marinos en el archipiélago de San Andrés.

Es ahí donde la historia deja de ser solamente reciclaje.

Porque el residuo recuperado termina conectado con otro problema ambiental:

la conservación de los arrecifes coralinos.


Una botella que sigue después de la botella

La economía circular parte de una idea sencilla, aunque llevarla a la práctica es mucho más complejo:

un producto no debería terminar necesariamente su vida útil cuando deja de cumplir la función para la cual fue fabricado.

En este caso, el material que alguna vez formó parte de una botella puede reincorporarse a otro proceso.

La ILC desarrolla esta estrategia dentro de Conexión REP, su programa de recolección de envases y empaques registrado ante la ANLA.

Los números entregados por la empresa permiten dimensionar la operación.

En 2025 se recuperaron:

3.227 toneladas de vidrio.

La operación alcanzó:

68 municipios.

Y:

17 departamentos.

De acuerdo con la ILC, este proceso permitió evitar la emisión de aproximadamente 2.900 toneladas de CO₂ a la atmósfera.

No todo ese vidrio tiene necesariamente el mismo destino.

Pero “Arena que transforma” toma una parte de ese flujo y la conecta con un propósito particular en San Andrés.


Del reciclaje al territorio

La parte más interesante del proyecto está precisamente en ese salto.

Reciclar una botella es importante.

Pero reciclarla para crear un material que pueda incorporarse a una estrategia de restauración ambiental en otro territorio agrega una capa diferente.

“Arena que transforma” se desarrolla con participación de varios actores.

Entre ellos están:

  • La Gobernación de San Andrés.
  • La Asociación de Recicladores Green Island.
  • Trashbuster.
  • La Fundación Blue Indigo.

Esto convierte la iniciativa en algo más amplio que una operación interna de la empresa.

Existe una cadena.

Primero está el consumidor.

Después aparece la recolección.

Luego los recicladores.

Posteriormente el procesamiento del vidrio.

Y finalmente un territorio donde el material puede incorporarse a procesos de infraestructura sostenible y restauración de ecosistemas.

La botella, en otras palabras, no desaparece: cambia de función.


¿Qué significa “bioeconomía” en este caso?

El término puede sonar abstracto.

Pero aplicado al proyecto resulta más fácil de entender.

La bioeconomía busca generar actividad económica aprovechando los recursos naturales de manera sostenible y desarrollando soluciones que reduzcan la presión sobre los ecosistemas.

En “Arena que transforma” la apuesta está en conectar:

residuo + economía circular + empleo local + infraestructura + restauración ambiental.

Ese cruce fue precisamente el que llevó el proyecto al primer lugar del BIBO en su categoría.

Diego Angelillis Quiceno explicó que el reconocimiento representa para la empresa un hito en materia de sostenibilidad.

“Tiene un significado muy especial porque este proyecto nació al buscar una respuesta innovadora a la pregunta de cómo podríamos darles una segunda vida a nuestras botellas de vidrio”.

La pregunta es sencilla.

La respuesta exige una cadena logística, alianzas y un destino concreto para el material recuperado.


El punto de encuentro está bajo el agua

La parte que convierte esta iniciativa en una historia particularmente llamativa está en San Andrés.

El vidrio transformado en arena puede utilizarse en infraestructura sostenible y en procesos vinculados con la restauración de arrecifes de coral.

La iniciativa se articula con la Fundación Blue Indigo.

Según la ILC, el material recuperado se incorpora a procesos que buscan apoyar la recuperación de ecosistemas marinos.

El objetivo no es presentar una botella como una solución milagrosa para un arrecife.

El valor del proyecto está en otro lugar:

en encontrar una segunda utilidad para un residuo dentro de una cadena ambiental más amplia.

La diferencia es importante.

La restauración coralina es una tarea compleja que depende de condiciones ecológicas, científicas y territoriales.

El vidrio reciclado es solamente uno de los componentes de esa historia.

Pero es un componente que antes podía terminar convertido simplemente en residuo.


La cadena completa

Vista desde arriba, la propuesta puede resumirse así:

Una botella se consume.

↓

El envase es recuperado.

↓

El vidrio entra en una cadena de aprovechamiento.

↓

Una parte puede transformarse en arena de vidrio.

↓

El material encuentra usos en infraestructura sostenible y restauración marina.

↓

El proyecto genera participación de actores locales en San Andrés.

Eso es economía circular en una versión concreta.

No como concepto de presentación empresarial.

Sino como una cadena en la que un material cambia de uso y continúa dentro de otro proceso.


El dato que cambia la escala: 3.227 toneladas

Hay una diferencia entre tener un proyecto piloto y operar una estrategia de recuperación de materiales a escala territorial.

Las 3.227 toneladas de vidrio recuperadas durante 2025, según la ILC, permiten entender que Conexión REP no es solamente una experiencia puntual.

La operación alcanzó 68 municipios de 17 departamentos.

Ese volumen también ayuda a poner en perspectiva el segundo premio.

BIBO no reconoció únicamente la idea de transformar una botella en arena.

Reconoció una iniciativa inserta en una estrategia mayor de recuperación de envases y economía circular.

La dimensión territorial es parte de la historia.

Una botella puede consumirse en un lugar.

Su material puede recuperarse en otro.

Y terminar participando en una iniciativa ambiental a cientos de kilómetros de distancia.


Dos premios que cuentan dos maneras de crecer

El Gran Effie y el BIBO podrían parecer reconocimientos sin relación.

Uno premia marketing.

El otro, sostenibilidad.

Uno mide efectividad de una estrategia de marca.

El otro reconoce una iniciativa ambiental.

Uno tiene como protagonista una botella que quiere vender más.

El otro, una botella que ya fue vendida y busca no terminar su historia como residuo.

Pero juntos permiten observar dos dimensiones de una misma empresa.

Primera dimensión: crecer

El Aguardiente Amarillo de Manzanares pasó de 2,9 millones de unidades vendidas en 2022 a más de 24 millones en 2025, de acuerdo con las cifras presentadas para el caso Effie.

La marca aumentó su participación de mercado y ganó reconocimiento nacional.

Segunda dimensión: hacerse cargo del después

Conexión REP recuperó 3.227 toneladas de vidrio durante 2025, según la empresa, y “Arena que transforma” llevó parte de esa lógica de aprovechamiento hasta una iniciativa de restauración ambiental en San Andrés.

Una historia comienza con la venta. La otra comienza cuando la venta termina.

Ese es quizá el punto de conexión más interesante entre los dos premios.


El territorio también ganó visibilidad

Para Caldas existe otra lectura.

El Gran Effie no fue entregado únicamente a una marca.

También puso en escena el trabajo de una empresa y una agencia nacidas en el departamento.

CJ Martins y la Industria Licorera de Caldas llevaron un caso construido desde Manizales hasta el principal reconocimiento de efectividad publicitaria del país.

Eso tiene una dimensión empresarial.

Demuestra que las capacidades creativas y estratégicas de una región no necesariamente necesitan trasladarse a las grandes capitales para competir nacionalmente.

La marca puede tener origen caldense.

La agencia puede ser manizaleña.

El equipo puede trabajar desde el territorio.

Y el resultado puede terminar midiéndose frente a los principales actores de la industria nacional.

Por eso la celebración de la ILC tiene un componente que trasciende el volumen de ventas.

Es también una historia sobre capacidad empresarial regional.


El Amarillo no llegó solo a 2026

El reconocimiento de este año debe leerse dentro de una trayectoria.

En 2025 llegó el Effie de Plata.

En 2026 llegó el Oro.

Y después, el Gran Effie.

Esa progresión muestra cómo una marca puede pasar de ser un competidor particular dentro de una categoría a convertirse en un caso estudiado por la industria publicitaria.

Pero existe una advertencia importante.

Los premios no garantizan que una marca mantenga indefinidamente sus resultados.

Los mercados cambian.

Los consumidores cambian.

La competencia responde.

Las regulaciones cambian.

Y una estrategia que funciona durante tres años necesita evolucionar para seguir siendo efectiva.

El Gran Effie, por eso, funciona mejor como reconocimiento de un proceso ya ocurrido que como garantía de lo que vendrá.


La otra pregunta: ¿qué pasa con las botellas después?

La sostenibilidad empresarial enfrenta precisamente esa clase de preguntas.

Una compañía puede reducir residuos en su producción.

Puede implementar programas de reciclaje.

Puede recuperar envases.

Pero la verdadera prueba está en construir sistemas que funcionen de manera continua.

Los datos de Conexión REP muestran una operación de recuperación que ya tiene alcance territorial.

Y “Arena que transforma” agrega una posibilidad:

que el residuo recuperado tenga un destino ambientalmente útil.

Eso cambia la conversación.

Ya no se trata únicamente de cuánto se recicla.

También importa qué ocurre después con aquello que se recupera.

¿Se reutiliza?

¿Se transforma?

¿Sustituye otros materiales?

¿Ayuda a restaurar ecosistemas?

¿Genera oportunidades para actores locales?

Son preguntas que determinan si la economía circular termina siendo una estrategia real o simplemente una etiqueta.


El premio ambiental no borra el origen industrial

También conviene mantener una mirada crítica.

La Industria Licorera de Caldas sigue siendo una compañía dedicada a producir y comercializar bebidas alcohólicas.

El hecho de que tenga un programa de economía circular no convierte automáticamente toda su operación en sostenible.

Tampoco un premio ambiental elimina los impactos asociados a la fabricación, distribución, consumo y disposición de sus productos.

Pero eso no reduce la importancia de la iniciativa premiada.

Precisamente porque la sostenibilidad empresarial no debería analizarse en términos de todo o nada.

Una empresa puede tener impactos ambientales y, simultáneamente, desarrollar mecanismos para reducirlos o compensar determinadas externalidades.

Lo relevante es medir esos esfuerzos, conocer sus resultados y seguir preguntando qué tan escalables son.

En “Arena que transforma”, el dato más concreto está en la cadena de recuperación de vidrio y en las alianzas que permiten darle un nuevo uso.


Dos premios, una misma pregunta

La historia del Amarillo y la historia del vidrio terminan encontrándose en una pregunta empresarial bastante sencilla:

¿Cómo generar más valor con lo que ya existe?

En marketing, la respuesta fue convertir una marca con origen regional en un producto de alcance nacional.

En sostenibilidad, la respuesta fue buscar una segunda vida para los envases después de su consumo.

En ambos casos hubo que construir una estrategia.

En ambos casos hubo que medir resultados.

En ambos casos hubo que trabajar con aliados.

Y en ambos casos el territorio aparece como parte de la identidad.

El Aguardiente Amarillo lleva a Manzanares en su nombre.

La estrategia creativa fue desarrollada con CJ Martins, agencia manizaleña.

La recuperación del vidrio se despliega por municipios y departamentos.

Y “Arena que transforma” conecta esa cadena con San Andrés.

El mapa que aparece detrás de los dos premios es, por tanto, mucho más grande que Manizales.


Lo que queda después de la celebración

Un Gran Effie se recibe una noche.

Un premio BIBO también.

Pero las cifras que explican ambos reconocimientos pertenecen a procesos de varios años.

El verdadero desafío comienza después.

Para el Aguardiente Amarillo, mantener el crecimiento alcanzado y convertirlo en una posición sostenible frente a sus competidores.

Para Conexión REP, mantener y ampliar la recuperación de envases y conseguir que iniciativas como “Arena que transforma” puedan demostrar resultados ambientales verificables y sostenibles en el tiempo.

Y para la Industria Licorera de Caldas, demostrar que ambos reconocimientos no fueron dos episodios aislados, sino parte de una transformación empresarial capaz de sostenerse.

Porque una marca puede ganar un premio por vender más.

Y una empresa puede ganar otro por reciclar mejor.

Pero el verdadero resultado se mide cuando la estrategia consigue mantenerse después de que se apagan las luces de la ceremonia.


De Manizales al país y del país al territorio

El doble reconocimiento de septiembre de 2026 deja una fotografía poco habitual.

Por un lado, Aguardiente Amarillo de Manzanares alcanzó el máximo reconocimiento de la publicidad efectiva en Colombia, después de un crecimiento que llevó sus ventas de 2,9 millones de unidades en 2022 a más de 24 millones en 2025, según las cifras presentadas por la ILC.

Por otro, “Arena que transforma” obtuvo el primer lugar nacional en su categoría del Premio BIBO, conectando la recuperación de vidrio con infraestructura sostenible y restauración de ecosistemas marinos.

Una historia habla de conquistar consumidores.

La otra, de recuperar materiales.

Una nació en la estrategia de marca.

La otra, en la economía circular.

Pero las dos tienen algo en común: muestran que desde Caldas se pueden construir proyectos capaces de competir y ser reconocidos en escenarios nacionales.

Y dejan una idea que vale la pena conservar más allá de los premios:

el valor de una botella puede empezar con lo que representa para un consumidor y continuar con lo que ocurre con ella después de ser utilizada.

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