Un boom de bayas de rimu impulsa la reproducción del kākāpō y reaviva la esperanza para uno de los loros más raros del planeta.

En los bosques de Nueva Zelanda, científicos y comunidades del pueblo Ngāi Tahu observan una temporada reproductiva excepcional del Kākāpō, desencadenada por una abundante cosecha de bayas del Rimu. Tras décadas al borde de la extinción, la especie vive un inesperado “baby boom” con cientos de huevos y decenas de polluelos, resultado de programas de conservación intensiva y de un fenómeno natural que ocurre solo cada pocos años en los bosques neozelandeses.
El loro que “vuela como un ladrillo” está regresando: el sorprendente renacer del kākāpō
Un ave nocturna, pesada y casi incapaz de volar protagoniza uno de los rescates de conservación más extraordinarios del planeta.
Un “baby boom” inesperado impulsa la esperanza
En los bosques húmedos de Nueva Zelanda, donde los árboles milenarios dominan el paisaje y la noche pertenece a criaturas silenciosas, una especie que estuvo al borde de desaparecer está escribiendo un capítulo inesperado de supervivencia. El protagonista es el Kākāpō, el loro más grande, más pesado y más extraño del mundo.
Durante décadas, los científicos temieron que este peculiar ave nocturna desapareciera para siempre. En 1995 apenas 51 individuos sobrevivían en pequeños refugios insulares. Hoy, tras años de conservación intensiva, la población ha logrado crecer hasta 236 ejemplares, y la temporada reproductiva de 2026 ha traído una noticia sorprendente: más de 240 huevos puestos durante el ciclo de apareamiento.
El detonante de este repunte no fue una intervención tecnológica ni un nuevo programa científico. Fue algo mucho más antiguo y silencioso: una abundante cosecha de bayas del árbol rimu, el alimento que desencadena el romance entre estos singulares loros.
Este fenómeno natural —que ocurre solo cada pocos años— ha desatado una explosión reproductiva que podría acercar a la especie a un hito histórico: alcanzar los 300 individuos en el mundo.
Pero para entender por qué este momento es tan importante, hay que retroceder en el tiempo y conocer la historia improbable de un ave que, según una famosa descripción literaria, “vuela como un ladrillo”.
El loro que olvidó volar
Una criatura tan improbable que parece inventada
Si la evolución tuviera sentido del humor, probablemente crearía algo como el Kākāpō.
Este loro nocturno parece salido de una mezcla improbable entre criatura de fantasía y experimento evolutivo. Su cuerpo robusto puede pesar hasta tres kilogramos, lo que lo convierte en el loro más pesado del planeta. Sus plumas verdes moteadas le permiten camuflarse entre los musgos y hojas del bosque, y su rostro redondeado recuerda al de un búho.
Pero lo que realmente lo hace extraordinario es lo que no puede hacer.
El kākāpō no vuela.
Sus alas existen, pero están tan reducidas que solo le sirven para equilibrarse cuando trepa árboles o para amortiguar caídas. El célebre escritor de ciencia ficción Douglas Adams lo describió con ironía memorable en su libro Last Chance to See.
“El kākāpō es un ave extremadamente gorda… Sus alas apenas sirven para agitarlas un poco si cree que va a tropezar. Volar está fuera de cuestión. A veces, cuando se asusta, sube corriendo a un árbol y se lanza… entonces vuela como un ladrillo y aterriza en un montón torpe en el suelo”.
La frase se convirtió en una de las descripciones más famosas de esta especie.
Y, sin embargo, lo que hoy parece torpeza fue durante millones de años una estrategia perfectamente viable.
Evolución en un paraíso sin depredadores
Cuando no necesitas huir para sobrevivir
Antes de la llegada de los humanos, Nueva Zelanda era un laboratorio evolutivo aislado del resto del mundo. Durante millones de años, el archipiélago careció de mamíferos depredadores terrestres.
Sin gatos, sin perros, sin ratas.
En ese entorno, muchas aves perdieron gradualmente la necesidad de volar. El vuelo consume enormes cantidades de energía, y si no hay amenazas, dejar de volar puede ser una ventaja evolutiva.
El kākāpō siguió ese camino.
Su estrategia de supervivencia era simple:
- quedarse quieto cuando detectaba peligro
- confiar en su camuflaje verde
- desplazarse caminando o trepando
Durante milenios, funcionó.
Hasta que llegaron los humanos.
El desastre ecológico que casi lo borró
Gatos, ratas y armiños
Cuando los colonizadores europeos llegaron a Nueva Zelanda, trajeron consigo animales que el ecosistema nunca había conocido:
- ratas
- gatos
- perros
- armiños
Para un ave incapaz de volar y que responde al peligro quedándose inmóvil, estos depredadores fueron devastadores.
El fuerte aroma dulce que desprende el kākāpō —una especie de perfume natural que recuerda a frutas fermentadas— tampoco ayudó.
Incluso los humanos pueden detectarlo siguiendo su olor.
Durante el siglo XX, la especie colapsó.
A principios de los años noventa, los científicos descubrieron una realidad alarmante: quedaban menos de sesenta ejemplares en todo el planeta.
El kākāpō estaba oficialmente al borde de la extinción.
El rescate científico
Islas sin depredadores y vigilancia permanente
Para salvar la especie, los conservacionistas tomaron una decisión radical.
Trasladaron a todos los kākāpō supervivientes a islas libres de depredadores, donde pudieran vivir sin la amenaza de mamíferos invasores.
Cada individuo comenzó a ser monitoreado cuidadosamente:
- seguimiento por radio
- análisis genéticos
- control sanitario
- vigilancia de nidos
Cada ave recibió nombre y registro.
Algunos se convirtieron en celebridades entre los biólogos.
Entre ellos destaca Blades, un macho extraordinariamente fértil que ha engendrado 22 crías desde 1982. Su éxito reproductivo fue tan grande que los científicos tomaron una medida inusual: trasladarlo a una isla conocida informalmente como “Bachelor Island”.
La razón era evitar que su ADN dominara demasiado el acervo genético de la población.
En otras palabras, era demasiado exitoso.
El secreto del romance del kākāpō
El árbol que decide cuándo llega el amor
A pesar de los esfuerzos humanos, hay un factor que los científicos no pueden controlar: la naturaleza misma del ciclo reproductivo del kākāpō.
Estas aves dependen casi por completo de un árbol nativo llamado Rimu.
Este enorme conífero puede vivir más de mil años, y sus frutos rojos aparecen en grandes cantidades solo cada dos a cuatro años.
Cuando ocurre una “supercosecha” de bayas, algo extraordinario sucede.
Los kākāpō entran en modo reproductivo.
La abundancia de alimento proporciona a las hembras la energía necesaria para producir huevos y criar polluelos. Sin ese recurso, la reproducción simplemente no ocurre.
El resultado es que la vida de toda la especie está sincronizada con los ciclos del bosque.
El espectáculo nocturno del cortejo
Los “anfiteatros” del amor
Cuando el rimu produce abundantes bayas, los machos comienzan a prepararse para el cortejo.
Pero su estrategia romántica no es precisamente discreta.
Los machos utilizan sus patas para excavar en el suelo pequeños cuencos de tierra llamados “booming bowls”. Estos funcionan como anfiteatros naturales que amplifican sus llamadas.
Desde esos puntos, emiten un sonido grave y resonante que puede viajar varios kilómetros a través del bosque.
Los investigadores dicen que la experiencia es casi física.
“Más que oírlo, lo sientes en el pecho”, explicó el biólogo Andrew Digby, asesor científico del programa de conservación del kākāpō.
Las hembras recorren largas distancias para elegir pareja entre los machos que participan en esta especie de concierto nocturno del bosque.
El baby boom de 2026
Una temporada extraordinaria

El reciente ciclo de abundancia de bayas de Rimu ha desencadenado una de las temporadas reproductivas más prometedoras en décadas.
Los resultados preliminares muestran cifras sorprendentes:
- 240 huevos puestos
- aproximadamente la mitad fértiles
- decenas de polluelos ya nacidos
Algunos polluelos apenas pesan unos gramos y parecen pequeñas bolas de plumón.
Los científicos los describen con humor como “dientes de león con patas”.
En pocas semanas se transforman en criaturas desproporcionadas, con patas grandes y cuerpos robustos que recuerdan a pequeños dinosaurios torpes.
Si suficientes polluelos sobreviven, la población mundial podría superar los 300 individuos, un número simbólico que marcaría un punto de inflexión para la especie.
Las madres del bosque
Dinastías de kākāpō
A diferencia de muchas aves, en esta especie las hembras crían solas a los polluelos.
Cada noche deben trepar árboles de hasta 30 metros de altura para recolectar bayas y alimentar a sus crías.
Cada polluelo puede requerir casi medio kilo de alimento diario.
Algunas hembras han participado en ciclos reproductivos durante más de cuatro décadas, creando auténticas dinastías familiares.
Una de ellas, llamada Nora, ha criado generaciones de descendientes desde principios de los años ochenta.
Otra hembra conocida como Rakiura se ha convertido en una supermadre, capaz de criar y también adoptar polluelos de otras hembras.
Guardianes humanos y guardianes ancestrales
El papel del pueblo Ngāi Tahu
El rescate del kākāpō no es solo una historia científica.
También es una historia cultural.
Las islas donde viven estas aves pertenecen al pueblo indígena Ngāi Tahu, cuyas comunidades participan activamente en su protección.
Para ellos, el kākāpō es una taonga, una palabra maorí que significa tesoro o bien precioso.
Este concepto no es solo simbólico.
En la cosmovisión maorí, los seres vivos poseen mauri, una fuerza vital que conecta a los seres humanos con la naturaleza. Proteger al kākāpō significa también restaurar el equilibrio del ecosistema.
Por esa razón, los líderes Ngāi Tahu han pedido que algunos de los nuevos polluelos no reciban nombres humanos.
La idea es simple pero poderosa:
permitir que estas aves recuperen su vida salvaje.
El futuro del loro más extraño del planeta
Restaurar ecosistemas completos
El mayor desafío ahora es expandir el hábitat disponible.
Las pequeñas islas libres de depredadores ya están alcanzando su capacidad máxima.
La solución a largo plazo implica restaurar ecosistemas enteros en islas más grandes, eliminando especies invasoras.
Si ese proceso tiene éxito, los científicos esperan que el kākāpō vuelva a ocupar parte de los bosques donde alguna vez fue común.
Lo que parecía una especie condenada podría convertirse en uno de los ejemplos más extraordinarios de recuperación ecológica moderna.
Una historia improbable de supervivencia
El Kākāpō es muchas cosas: torpe, pesado, nocturno, incapaz de volar y dependiente de un árbol caprichoso para reproducirse.
Durante décadas, todas esas características parecían condenarlo a desaparecer.
Sin embargo, gracias a la combinación de ciencia, paciencia, conocimiento indígena y ciclos naturales del bosque, este extraño loro está regresando lentamente del borde del abismo.
A veces, incluso las criaturas que “vuelan como un ladrillo” pueden encontrar la manera de sobrevivir. 🦜🌿✨
Fuente: Love Island: Rare berry bonanza spurs Kākāpō baby boom. By Elizabeth Anne Brown edited by Sarah Lewin Frasier en Scientific American, March 4, 2026

