La Corte Constitucional abrió en Girón un encuentro sobre derecho comparado, independencia judicial, identidad y nuevos desafíos.

La apertura del XXI Encuentro de la Jurisdicción Constitucional, en San Juan de Girón, puso sobre la mesa una pregunta central: cómo dialogar con otros sistemas jurídicos sin perder la identidad constitucional colombiana.
La Constitución colombiana puede conversar con el mundo sin dejar de pertenecer a Colombia. Esa fue una de las ideas que atravesó los discursos de apertura del XXI Encuentro de la Jurisdicción Constitucional, instalado este 23 de septiembre en San Juan de Girón, Santander, bajo el lema “La Corte Constitucional para el mundo: voces del constitucionalismo comparado”.
La presidenta de la Corte Constitucional, magistrada Paola Andrea Meneses Mosquera, y el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, coincidieron en destacar el valor del diálogo entre las distintas tradiciones constitucionales, pero también en señalar que comparar no significa copiar.
La discusión llega en un momento en que los tribunales enfrentan problemas que atraviesan fronteras: inteligencia artificial, nuevas formas de poder privado, migración, crisis ambiental y transformaciones tecnológicas que plantean preguntas sobre derechos fundamentales, democracia y límites al ejercicio del poder.
Pero el encuentro comenzó mirando hacia atrás. Y, particularmente, hacia Santander.



Una Corte que salió de Bogotá
Para Meneses, que la Corte Constitucional sesione por primera vez en Santander tiene un significado que va más allá de trasladar temporalmente sus actividades fuera de Bogotá.
Durante su discurso de apertura, recordó que en casi 35 años de historia la corporación solamente había celebrado anteriormente un encuentro en el departamento, en Barrancabermeja, en 2009.
Ahora, San Juan de Girón se convierte en punto de partida de tres jornadas de conversaciones sobre constitucionalismo comparado.
La presidenta vinculó el territorio con algunos de los episodios que marcaron la historia constitucional colombiana.
En 1781, recordó, Manuela Beltrán rompió en la plaza del Socorro un edicto que imponía nuevas cargas tributarias, gesto que antecedió al movimiento de los Comuneros y que planteó tempranamente preguntas sobre la relación entre autoridad, cargas públicas y participación ciudadana.
También recordó el Acta de la Constitución del Estado Libre e Independiente del Socorro, promulgada el 15 de agosto de 1810, como uno de los textos fundacionales de la historia constitucional colombiana.
Y llevó la mirada hasta el siglo XX, cuando Bucaramanga fue cuna de Luis Carlos Galán Sarmiento.
En la lectura planteada por Meneses, el asesinato de Galán en 1989 produjo una reacción generacional que desembocó en la Séptima Papeleta, posteriormente en la Asamblea Constituyente y finalmente en la Constitución de 1991.
De ahí una de las afirmaciones centrales de su intervención:

“Santander no solo recibe hoy a su Constitución.”
Para la presidenta de la Corte, el departamento también forma parte de la historia que permitió que Colombia llegara al modelo constitucional vigente.
“Ninguna capital tiene el monopolio de la Constitución”
La idea encontró su expresión más directa al final del discurso de Meneses.
“Ninguna capital tiene el monopolio de la Constitución.”
La magistrada sostuvo que las transformaciones constitucionales colombianas no surgieron únicamente de los espacios institucionales de Bogotá.
“Las ideas que han cambiado a Colombia no siempre nacieron en un ministerio ni en un tribunal de mármol”, afirmó.
La Constitución, añadió, vive también en las regiones, en las sentencias y en los ciudadanos que creen en las reglas.
La salida de la Corte hacia Santander adquiere así un sentido territorial: acercar la institución a otros lugares del país y recordar que la construcción constitucional colombiana tiene múltiples geografías.
El presidente de la República retomó precisamente esa dimensión.
De la Espriella calificó como una “histórica decisión” que la Corte Constitucional salga a las regiones, recorra el país y se acerque directamente a los ciudadanos.
A su juicio, la Constitución no puede ser percibida como algo distante y concentrado en Bogotá.
En esa misma intervención sostuvo que el ejercicio del poder debe estar relacionado con la ciudadanía y con el conocimiento directo de las realidades territoriales.
El mundo puede enseñar, pero Colombia también tiene qué enseñar
El eje internacional del encuentro no significa, según ambos discursos, asumir que existe un único modelo constitucional aplicable a todos los países.
Meneses explicó que las sociedades enfrentan problemas similares, aunque no necesariamente disponen de las mismas herramientas para resolverlos.
Por eso utilizó dos ejemplos históricos: mientras distintas sociedades desarrollaron la agricultura de manera independiente ante necesidades semejantes, la máquina de vapor surgida en el siglo XVIII pudo ser adoptada posteriormente en otros lugares.
La analogía le permitió plantear una cuestión fundamental para el derecho comparado: las soluciones pueden viajar, pero necesitan ser comprendidas y adaptadas al contexto en el que serán utilizadas.
En palabras de la presidenta:
“Comparar no es copiar.”
Y añadió:
“El derecho comparado amplía el campo de reflexión, pero no el campo de competencia.”
De la Espriella expresó una idea semejante desde otro ángulo.
“Una cosa es oír al mundo y otra muy distinta permitir que el mundo piense como nosotros.”
Para el mandatario, los jueces consultan decisiones de otros tribunales, los académicos estudian instituciones extranjeras y los constituyentes observan experiencias que han funcionado —y también las que han fracasado— en otros lugares.
Ese intercambio, sostuvo, resulta útil siempre que no se confunda con imitación.
Una Constitución no nace en el vacío
Uno de los argumentos centrales del discurso presidencial fue que una Constitución debe entenderse a partir de la historia de la sociedad que la produce.
De la Espriella la describió como una especie de “memoria jurídica de una nación”.
En su exposición señaló que detrás de una Constitución existen guerras, acuerdos, conflictos, errores, victorias, heridas y distintas formas de comprender la libertad, la autoridad, la propiedad, la igualdad, el territorio y el papel del Estado.
Por eso puso como ejemplos las experiencias constitucionales de Estados Unidos y Francia, y sostuvo que tampoco es posible entender la tradición colombiana sin considerar su independencia, las guerras civiles del siglo XIX, las tensiones entre centralismo y federalismo, la violencia y el peso político de las regiones.
Desde esa perspectiva, una institución puede producir determinados resultados en un país y resultados diferentes en otro.
“Dos países pueden copiar exactamente la misma norma y obtener resultados completamente distintos.”
La advertencia no supone cerrar la puerta al constitucionalismo comparado. Al contrario, el presidente sostuvo que Colombia debe aprender de otros sistemas, pero sin abandonar la pregunta por su propia realidad.
“El derecho comparado es maravilloso para ayudarnos a reflexionar mejor, pero no para que dejemos de reflexionar por cuenta propia.”
Principios universales, instituciones diferentes
El discurso de la presidenta de la Corte también hizo una distinción entre compartir principios y uniformar instituciones.
Meneses señaló que la dignidad humana, la libertad, la separación de poderes y la limitación del poder forman parte de un patrimonio común del constitucionalismo.
Sin embargo, la existencia de esos principios no implica que todos los países deban organizarse institucionalmente de la misma manera.
De la Espriella formuló la misma distinción al señalar que la universalidad de ciertos principios no obliga a que los Estados adopten arquitecturas institucionales idénticas.
La democracia, explicó, no exige un único sistema electoral. La separación de poderes tampoco demanda exactamente la misma estructura en todos los países. Y la protección de los derechos puede desarrollarse mediante mecanismos judiciales diferentes.
El punto de coincidencia es claro: el diálogo constitucional puede ser internacional sin producir necesariamente uniformidad institucional.
De Colombia hacia otras jurisdicciones
La conversación tampoco se limita a lo que Colombia puede aprender.
Meneses dedicó buena parte de su discurso a mostrar ejemplos en los que desarrollos de la Corte Constitucional colombiana han sido observados o estudiados fuera del país.
Mencionó el juicio integrado de igualdad, construido a partir del diálogo entre herramientas provenientes de distintas tradiciones jurídicas.
También recordó la decisión de 2016 mediante la cual la Corte reconoció al río Atrato como sujeto de derechos.
Años después, señaló, el máximo tribunal de Bangladés examinó expresamente la experiencia colombiana al estudiar la protección del río Turag.
La presidenta hizo una precisión importante: la experiencia colombiana no podía trasladarse intacta a otro país. Lo relevante era que una razón jurídica desarrollada en Colombia ayudara a otra jurisdicción a pensar un problema propio dentro de su Constitución, instituciones y circunstancias.
También citó el estado de cosas inconstitucional, desarrollado a partir de la experiencia colombiana y posteriormente útil para que Brasil y Perú abordaran situaciones semejantes en sus sistemas penitenciarios.
El mensaje es, por tanto, de doble vía: Colombia estudia el mundo y el mundo también puede estudiar las soluciones desarrolladas por Colombia.
La Corte como institución sometida al límite del poder
El presidente introdujo otro componente que ocupó un lugar destacado en su intervención: la independencia judicial.
Después de reconocer el trabajo de los nueve magistrados de la Corte Constitucional, sostuvo que sus decisiones tienen consecuencias sobre la vida institucional de la República y los derechos de millones de colombianos.
De la Espriella señaló que la Constitución no pertenece a un gobierno, partido político o mayoría circunstancial.
“Le pertenece a toda la nación. La Constitución de Colombia es patrimonio del pueblo colombiano.”
En esa misma línea, defendió la independencia judicial como una garantía ciudadana y no como un privilegio de los jueces.
La formulación fue directa:
“La independencia judicial no puede entenderse como un privilegio para los jueces, sino como una garantía de los ciudadanos que tienen derecho a que sus libertades sean decididas por jueces que actúan sin presiones y con objetividad.”
El presidente también reconoció que en una democracia es normal coincidir o discrepar de las decisiones de una corte.
Pero diferenció esa discusión de la obligación institucional de reconocer la autoridad de los tribunales.
“Podemos discrepar, pero nunca voy a desconocer sus decisiones.”
Y agregó que la separación de poderes no significa aislamiento, mientras que la colaboración entre ramas del poder público tampoco implica subordinación.
La Constitución como punto de referencia
Para explicar el papel de la Constitución frente a los cambios políticos, De la Espriella recurrió a una imagen tomada del libro Calle Este-Oeste, de Philippe Sands: una banca ubicada en un parque de una ciudad ucraniana que permaneció en el mismo lugar mientras a su alrededor cambiaban gobiernos, fronteras, calles, guerras y ocupaciones.
El presidente trasladó esa imagen al constitucionalismo colombiano.
La Constitución, dijo, no tiene que permanecer inmóvil como aquella banca, pero una sociedad necesita un punto desde el cual observar los cambios sin perderse a sí misma.
“Eso también es una Constitución, una especie de atalaya moral desde la cual una sociedad se mira a sí misma.”
La metáfora permite plantear una de las discusiones de fondo del encuentro: cómo reformar aquello que necesita cambiar sin destruir los elementos que una sociedad considera fundamentales.
De la Espriella citó en este punto al pensador Edmund Burke para defender la idea de continuidad histórica, aunque también reconoció que una sociedad que no cambia aquello que no funciona puede terminar perdiendo su capacidad de conservarse.
La dificultad, en su planteamiento, está en distinguir qué cambiar, qué preservar, qué reformar y qué no destruir.
Una Constitución para un mundo que cambia
Mientras la discusión sobre tradición e identidad ocupaba buena parte de los discursos, ambos intervinientes llevaron el debate hacia desafíos contemporáneos.
Meneses señaló cuatro ámbitos que atraviesan fronteras y sistemas jurídicos: inteligencia artificial, nuevas formas de poder privado, migración y crisis ambiental.
De la Espriella se detuvo particularmente en la inteligencia artificial y las redes sociales.
Afirmó que la inteligencia artificial obliga a preguntarse por la protección de la dignidad, la libertad y la igualdad frente a decisiones tecnológicas que pueden afectar derechos.
Su planteamiento incluyó una advertencia sobre el papel de la tecnología:
“La tecnología puede y debe asistir al Estado, pero nunca sustituir la responsabilidad humana detrás de una decisión judicial, detrás de una decisión pública.”
También llamó la atención sobre el impacto de las redes sociales y sobre las decisiones o “sentencias” que pueden producirse en esos espacios sin los procedimientos propios de la justicia.
El desafío constitucional, por tanto, ya no se limita a interpretar normas diseñadas para problemas del pasado. También consiste en determinar cómo principios jurídicos consolidados pueden responder a transformaciones tecnológicas y sociales que cruzan las fronteras nacionales.
La lección de Robert Alexy
En su intervención, Meneses hizo además una pausa para recordar al jurista alemán Robert Alexy, fallecido el 5 de septiembre en Kiel.
La presidenta destacó su influencia en la forma como la Corte entiende la ponderación de principios y la justificación de las decisiones jurídicas.
Pero el homenaje sirvió también para volver sobre la cuestión central del encuentro.
La ponderación, explicó, no debe entenderse como un cálculo mecánico, sino como un ejercicio de justificación de las razones por las cuales, en determinados casos, un derecho puede ceder frente a otro.
Desde allí planteó las dos virtudes que, a su juicio, exige el derecho comparado: apertura y prudencia.
Apertura para reconocer que ninguna jurisdicción tiene todas las respuestas.
Prudencia para recordar que una decisión adoptada por otro tribunal no amplía las competencias propias ni sustituye las razones que deben ofrecerse desde la Constitución nacional.
Santander como conversación constitucional
La elección de Girón y Bucaramanga como sedes del XXI Encuentro termina adquiriendo así una dimensión que supera la logística del evento.
Santander aparece simultáneamente como territorio histórico y como escenario contemporáneo de discusión constitucional.
Meneses recordó la presencia histórica de pueblos muisca y guane, las conexiones culturales y geográficas con otras regiones del continente y la tradición de encuentro que representa el territorio.
También evocó el páramo de Santurbán, el cañón del Chicamocha y diferentes expresiones culturales de Santander para construir una imagen de conexión entre lo local y lo universal.
El presidente, por su parte, recordó que en Girón, antes de la existencia de la República de Colombia, hubo espacios de cabildo abierto en los que se adoptaron decisiones relacionadas con el gobierno, el comercio y otros asuntos políticos.
De ese episodio extrajo dos elementos que consideró esenciales para el constitucionalismo:
“La comunidad tiene una voz propia y la autoridad se debe ejercer dentro de unos límites claros y específicos.”
La frase resume buena parte de la discusión planteada durante la apertura.
Una Corte para Colombia y para el mundo
La presidenta de la Corte cerró su intervención con una definición que también da nombre al encuentro:
“Somos una Corte para los colombianos y para el mundo.”
No se trata, según el sentido desarrollado durante su discurso, de una Corte que pretenda imponer sus respuestas a otras jurisdicciones.
Es una institución que escucha, compara, aprende, aporta y reconoce los límites de trasladar una solución de un contexto a otro.
El presidente de la República coincidió en que Colombia tiene tanto que aprender como que enseñar.
Y ambos discursos terminaron encontrándose en una misma preocupación: cómo mantener una Constitución vinculada a la historia y a la identidad de una sociedad mientras esa sociedad enfrenta transformaciones que ya no se desarrollan únicamente dentro de sus fronteras.
El XXI Encuentro de la Jurisdicción Constitucional continuará ahora en Bucaramanga, donde durante tres días las conversaciones se trasladarán desde esta apertura en Girón hacia los distintos debates del constitucionalismo contemporáneo.
La discusión comenzó con una idea territorial: la Constitución no vive únicamente en Bogotá.
Y terminó planteando una pregunta de alcance mucho mayor: cómo puede Colombia dialogar con el mundo sin dejar de reconocer su propia historia, sus instituciones y su voz constitucional.

