Manizales fortalece el cuidado de sus territorios, los espacios públicos y los animales

Ambiente & Ruralidad

Acciones en veredas, barrios y la UPA articulan identidad territorial, educación ambiental y protección animal.

Del nombre de una vereda al cuidado cotidiano del territorio

El campo, los barrios y los espacios destinados a la protección animal tienen algo en común: requieren acciones permanentes de cuidado, apropiación y corresponsabilidad. En Manizales, tres iniciativas recientes muestran distintas formas de trabajar sobre esa relación entre comunidad, territorio y ambiente.

En la zona rural, la Secretaría de Agricultura avanza, en convenio con el Comité de Cafeteros, en la instalación de vallas para identificar veredas y sectores rurales del municipio. En Villa del Río, la Secretaría de Medio Ambiente desarrolló una jornada de limpieza, embellecimiento y educación ambiental. Y en la Unidad de Protección Animal (UPA), la Administración abrió sus instalaciones al Personero Municipal y a representantes de veedurías ciudadanas para conocer directamente sus procesos de atención y bienestar animal.

Aunque se trata de intervenciones diferentes, las tres acciones tienen un componente común: acercar la gestión institucional a necesidades concretas de las comunidades y promover una relación más responsable con los lugares que hacen parte de la vida cotidiana de Manizales.

Las vallas que ayudan a reconocer la ruralidad

Una señal ubicada a la entrada de una vereda puede cumplir una función aparentemente sencilla: indicar el nombre de un lugar. Sin embargo, para quienes viven allí también representa una manera de hacer visible su territorio, facilitar la orientación de visitantes y reforzar el sentido de pertenencia.

Ese es el propósito de las vallas que la Secretaría de Agricultura de Manizales viene instalando en diferentes veredas y sectores rurales, dentro del convenio que desarrolla con el Comité de Cafeteros.

La iniciativa responde a necesidades planteadas por las propias comunidades y busca mejorar la identificación territorial en puntos estratégicos, especialmente donde habitantes y visitantes necesitan una referencia clara para encontrar su destino.

Uno de los sectores beneficiados es la vereda La Pola. Allí, la comunidad recibió nuevamente una estructura que permite identificar el lugar y orientar a quienes ingresan al sector.

Claudia Quintero, presidenta de la Junta de Acción Comunal de La Pola, explicó que la instalación responde a una necesidad concreta de la comunidad.

“Estamos muy satisfechos por haber logrado gestionar la ubicación de la valla que nos identifica en términos espaciales y territoriales”, expresó.

La dirigente comunal también destacó la ubicación escogida para la señalización, debido a las dificultades que anteriormente tenían algunos visitantes para orientarse.

“Está ubicada en un sitio en el cual nuestros visitantes estaban siendo desubicados un poco. Ya poder disponer de un sitio adecuado para que cuando empiecen a ingresar sepan hacia dónde dirigirse acentúa nuestro sentido de pertenencia y de territorio por nuestra tierra”, agregó.

Desde la Secretaría de Agricultura, la secretaria encargada Lina Patricia Llano Díaz señaló que este trabajo hace parte de las acciones que se adelantan conjuntamente con el Comité de Cafeteros para fortalecer la atención a las comunidades rurales y facilitar la identificación de sus territorios.

Más allá de su función práctica, cada una de estas vallas hace visible el nombre de una comunidad y, con él, una historia construida por familias que habitan y trabajan en el campo manizaleño.

Limpiar también es una tarea de educación

En el barrio Villa del Río, la intervención tuvo otra característica: recuperar físicamente el entorno y, al mismo tiempo, conversar con la comunidad sobre las prácticas que permiten mantenerlo en mejores condiciones.

La Secretaría de Medio Ambiente realizó allí una jornada de limpieza y embellecimiento acompañada de actividades pedagógicas relacionadas con el manejo adecuado y la disposición de residuos.

La actividad contó con la participación de la Policía, Emas y habitantes del sector, en un ejercicio de articulación que permitió combinar las labores de recuperación del espacio con acciones de sensibilización ambiental.

Durante la jornada se abordaron buenas prácticas relacionadas con la disposición de los residuos y la importancia de evitar que sean arrojados en lugares no autorizados.

La intervención partió de una idea sencilla: la recuperación de un espacio público puede ser temporal si no está acompañada de cambios en los hábitos cotidianos.

Por esa razón, la educación ambiental ocupó un lugar central. La Administración buscó acercar información a los habitantes sobre la manera correcta de disponer los residuos, respetar los espacios comunes y contribuir a conservar un entorno limpio y ordenado.

El trabajo también permitió fortalecer el diálogo entre la Administración Municipal y la comunidad frente a situaciones relacionadas con el manejo de residuos y las condiciones del entorno.

En este tipo de intervenciones, la responsabilidad no recae únicamente sobre las instituciones. El mantenimiento de los espacios recuperados depende también de las prácticas de quienes viven, trabajan o transitan por ellos.

La jornada de Villa del Río, por eso, combinó dos dimensiones: una acción concreta sobre el espacio físico y un componente pedagógico orientado a que el cuidado tenga continuidad después de terminada la intervención.

La protección animal también requiere seguimiento ciudadano

La relación con el territorio incluye además a los animales que hacen parte de la vida urbana y rural. En ese campo, la Unidad de Protección Animal de Manizales recibió al Personero Municipal, Juan Pablo Osorio Gallo, acompañado por representantes de veedurías ciudadanas.

El recorrido permitió conocer directamente las instalaciones de la UPA y los procesos que se desarrollan para atender a perros y gatos en condición de vulnerabilidad o abandono.

Durante la visita, los asistentes recibieron información sobre las diferentes áreas de la Unidad y sobre las labores de atención, cuidado, recuperación y protección que se realizan mientras los animales permanecen bajo responsabilidad institucional.

Uno de los asuntos abordados fue el proceso de adopción, orientado a encontrar hogares responsables para los animales que se encuentran en condiciones de ser entregados.

La Administración Municipal recordó que adoptar supone un compromiso permanente con la alimentación, la atención veterinaria, la protección, la compañía y el bienestar del animal durante todas las etapas de su vida.

Actualmente, las jornadas de adopción se realizan los viernes, entre las 2:00 y las 5:00 de la tarde, en el sector de El Cable.

También se explicó la atención integral que reciben los animales que ingresan a la UPA. Esta comprende las acciones necesarias para garantizar su cuidado, entre ellas alimentación, aseo, mantenimiento de las instalaciones y atención relacionada con su estado de salud y sus condiciones de vulnerabilidad.

Dentro de las acciones de protección y bienestar animal de la Administración Municipal también se encuentran las esterilizaciones caninas y felinas, procedimiento que hace parte de la atención que se brinda a los animales domésticos que ingresan a la Unidad.

Otro de los componentes socializados durante el recorrido fue la ruta de atención frente a posibles casos de maltrato animal.

El propósito de esta explicación fue precisar qué hacer cuando se identifica una situación que pueda poner en riesgo la integridad o el bienestar de un animal, cómo se reciben y orientan estos casos y cuál es el procedimiento institucional de acuerdo con las competencias de cada entidad.

La participación de la Personería y de las veedurías ciudadanas abrió además un espacio de conocimiento directo sobre la operación de la UPA, sus procedimientos y las acciones que se desarrollan en materia de protección animal.

Tres escenarios, una responsabilidad compartida

Las vallas instaladas en las veredas, la jornada de Villa del Río y el recorrido por la UPA ocurren en escenarios distintos, pero ponen sobre la mesa una misma discusión: el cuidado del territorio no depende de una sola institución ni se limita a una intervención puntual.

En la ruralidad, identificar una vereda ayuda a que sus habitantes y visitantes reconozcan un lugar concreto y fortalece su presencia dentro del mapa municipal. En los barrios, retirar residuos y promover buenas prácticas busca que los espacios recuperados puedan conservarse mediante hábitos cotidianos. Y en la protección animal, conocer los procedimientos institucionales y facilitar la participación de organismos de control y veedurías aporta a una mayor comprensión de la atención que reciben perros y gatos vulnerables.

En los tres casos, la comunidad aparece como un actor necesario.

La instalación de una valla puede responder a una solicitud comunitaria; una jornada de limpieza puede recuperar un espacio, pero necesita del comportamiento posterior de sus usuarios; y una Unidad de Protección Animal puede desarrollar sus procedimientos, pero requiere también de ciudadanos que adopten responsablemente, denuncien situaciones de maltrato y conozcan las rutas institucionales.

Así, las acciones desarrolladas durante septiembre muestran distintas escalas de una misma tarea: hacer más reconocibles los territorios, conservar los espacios compartidos y fortalecer las condiciones de cuidado para los animales.

La Alcaldía de Manizales, a través de sus diferentes dependencias, continuará articulando acciones con comunidades, entidades y aliados institucionales para atender necesidades identificadas en los territorios.

En el campo, en los barrios y en los espacios de protección animal, el cuidado empieza por reconocer qué necesita cada lugar y quiénes tienen responsabilidad sobre él.

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