Manizales reconstruye desde los barrios y las veredas: espacios comunitarios y manejo de escombros avanzan tras la emergencia

Ambiente & Ruralidad

Obras rurales y una nueva ruta para recoger escombros buscan recuperar espacios, mejorar servicios y ordenar la ciudad tras el sismo.

La Alcaldía de Manizales avanza simultáneamente en la recuperación de espacios comunitarios de la zona rural y en la recolección organizada de escombros derivados de la emergencia sísmica, con seis sedes sociales intervenidas y una línea de WhatsApp que permite solicitar el retiro de materiales en barrios y sectores urbanos y rurales.


La recuperación de una ciudad después de una emergencia no ocurre únicamente en los lugares donde los daños resultan más visibles.

También ocurre en una sede social rural que vuelve a tener una cubierta adecuada, en una rampa que permite el acceso de una persona con movilidad reducida, en un espacio comunitario que recupera su utilidad o en una calle que deja de acumular escombros.

En Manizales, dos acciones que avanzan de manera paralela muestran precisamente esa otra dimensión de la recuperación.

Por un lado, la Administración Municipal interviene seis sedes sociales y espacios comunitarios de la zona rural, con una inversión de $455 millones.

Por otro, en articulación con Emas by Veolia, habilitó una línea de WhatsApp para organizar la recolección de los escombros generados por las afectaciones de la emergencia.

Son dos tareas diferentes, pero ambas tienen algo en común: recuperar las condiciones para que la vida cotidiana pueda volver a ocupar los espacios de la ciudad y el campo.


Seis sedes rurales vuelven a ser parte de la vida comunitaria

Las sedes sociales rurales cumplen una función que muchas veces supera las dimensiones físicas de los edificios.

Son lugares para reunirse, desarrollar actividades comunitarias, prestar servicios y encontrarse.

Por eso, cuando una cubierta presenta problemas, cuando un espacio no cuenta con condiciones adecuadas de acceso o cuando una infraestructura pierde funcionalidad, la afectación no se limita al inmueble.

También se afecta la posibilidad de encuentro de quienes viven alrededor.

Con una inversión de $455 millones, la Alcaldía de Manizales adelanta durante este año la intervención de seis sedes sociales y espacios comunitarios rurales.

Ángela Luna, contratista de la Secretaría de Infraestructura de la Alcaldía de Manizales

Las obras fueron definidas a partir de necesidades identificadas con las propias comunidades y buscan mejorar las condiciones físicas, fortalecer el funcionamiento de los espacios y proporcionar lugares más seguros, accesibles y adecuados.

De las seis intervenciones, cinco ya están en ejecución.

La Administración Municipal proyecta que todas estén terminadas en octubre.

Pero cada obra tiene una historia y una necesidad diferente.


Mina Rica: seguridad para un espacio que ahora funciona como Centro Día

En la Escuela Mina Rica se construye un cerramiento para proporcionar mayor seguridad al lugar.

Actualmente, el espacio funciona como Centro Día, por lo que las condiciones de protección del inmueble adquieren especial importancia.

Los trabajos están próximos a finalizar y entre las acciones pendientes se encuentra la instalación de una puerta.

Es una intervención relativamente sencilla frente a proyectos de infraestructura de mayor escala, pero con un efecto concreto: proporcionar un espacio más seguro para quienes utilizan diariamente el lugar.


La Cabaña: poner a punto el puesto de salud

En el Puesto de Salud de La Cabaña la intervención tiene otro carácter.

Se adelantan adecuaciones locativas destinadas a mejorar las condiciones del inmueble y dejarlo preparado para su funcionamiento.

Los trabajos incluyen pintura de áreas interiores, cambio de algunos cielorrasos y pintura de la fachada.

No se trata de construir un nuevo puesto de salud.

Se trata de recuperar y adecuar el que ya existe.

En territorios rurales, donde los servicios se encuentran condicionados por las distancias y la conectividad, mantener en buenas condiciones los espacios destinados a la atención resulta especialmente relevante.


El Chuzo: recuperar un inmueble para darle una nueva utilidad

La intervención más integral se desarrolla en el antiguo puesto de salud de la vereda El Chuzo.

El inmueble será reconstruido para convertirse nuevamente en un espacio al servicio de la comunidad.

La obra contempla el desmonte y construcción de la cubierta, instalación de rampas de acceso, adecuaciones eléctricas, pintura y otras mejoras.

Aquí la infraestructura adquiere una segunda oportunidad.

Un inmueble que había dejado de cumplir adecuadamente su función será recuperado para responder a las necesidades actuales del sector.

Y hay un elemento especialmente significativo: las rampas de acceso.

La recuperación de un espacio comunitario no consiste solamente en reparar paredes, techos o instalaciones eléctricas. También implica preguntarse quiénes pueden entrar, desplazarse y utilizarlo.

La accesibilidad forma parte de esa transformación.


Caselata: una nueva cubierta para volver a ocupar la caseta comunal

En la caseta comunal de Caselata se realizará el cambio total de la cubierta.

También están contempladas obras perimetrales y adecuaciones eléctricas.

El objetivo es mejorar las condiciones de un espacio destinado a las actividades de la comunidad.

Una caseta comunal puede parecer una infraestructura menor dentro del presupuesto de una ciudad.

Pero para una comunidad rural puede ser uno de los pocos lugares disponibles para reunirse, organizar actividades o tomar decisiones colectivas.

Su recuperación, por tanto, también es una inversión en tejido comunitario.


Manzanares: accesibilidad y encuentro bajo un mismo proyecto

En la vereda Manzanares la intervención combina dos necesidades.

La primera es mejorar la movilidad mediante la construcción de rampas de acceso.

La segunda es crear un nuevo lugar para el encuentro.

Para ello se construye un kiosco, concebido como un espacio abierto para reuniones y actividades comunitarias.

La obra no solamente corrige una condición física.

También agrega infraestructura para la vida colectiva.

La combinación resulta significativa: hacer más accesible un espacio y, al mismo tiempo, generar un lugar donde la comunidad pueda encontrarse.


Kilómetro 41: la sexta sede todavía espera el inicio

La sede social del Kilómetro 41 completa el grupo de seis intervenciones.

Allí está previsto un mantenimiento general, principalmente en pintura y cielorrasos.

Es la única de las seis obras que todavía está pendiente de iniciar.

Mientras las otras cinco avanzan, esta intervención representa el último frente por activar dentro del paquete de obras.

La meta planteada por la Administración Municipal es que las seis intervenciones estén terminadas en octubre.


Obras que nacen de escuchar a las comunidades

Hay un elemento transversal que explica por qué estas seis sedes fueron seleccionadas.

Las necesidades fueron identificadas directamente con las comunidades, en buena medida a través del programa Gobierno en la Calle.

Estos espacios permiten que los habitantes planteen al alcalde Jorge Eduardo Rojas Giraldo y a su equipo de gobierno las situaciones que consideran prioritarias.

Después viene una segunda etapa.

Los equipos técnicos de la Administración regresan a los sectores, dialogan nuevamente con los habitantes y revisan las necesidades planteadas para determinar las intervenciones que pueden realizarse.

Es un proceso que cambia la lógica de la obra pública.

En lugar de comenzar exclusivamente desde un listado técnico elaborado desde un escritorio, la intervención parte también de una conversación con quienes utilizan diariamente los espacios.

Eso permite que una cubierta, una rampa, un cerramiento, un cielorraso o un kiosco respondan a problemas concretos.

La infraestructura termina siendo, en este caso, una consecuencia del diálogo comunitario.


La otra cara de la recuperación: sacar los escombros de las calles

Mientras las obras rurales buscan recuperar espacios para el encuentro, en los barrios de Manizales aparece otra necesidad asociada directamente con la emergencia.

Los escombros.

Después de las afectaciones generadas por el sismo, diferentes sectores de la ciudad quedaron con materiales que requieren ser retirados y manejados de manera organizada.

Por eso, la Alcaldía de Manizales, en articulación con Emas by Veolia, habilitó una línea de WhatsApp para que los ciudadanos puedan solicitar la recolección.

El número dispuesto para este servicio es:

311 637 4760

La línea permite reportar la presencia de escombros en barrios o sectores de la ciudad para que sean incorporados a la programación de recolección.

La Administración Municipal hizo además un llamado a disponer los materiales de manera adecuada, evitando que representen riesgos para peatones, vehículos o viviendas.

La recomendación tiene una razón práctica.

No basta con retirar los escombros.

También es necesario que estén ubicados de manera que las cuadrillas puedan acceder a ellos y que las rutas puedan organizarse eficientemente.


Cinco zonas para ordenar la recolección

La ciudad fue organizada en cinco grandes zonas de acuerdo con la programación establecida para las rutas.

Zona 1

Incluye Centro, Milán y Avenida Santander, con recolección de lunes a sábado.

En Alta Suiza, el servicio está programado para miércoles o sábado.

Zona 2

En Chipre, Sacatín y Villapilar, la recolección se realiza lunes o jueves.

Para Asís, La Avanzada, Campohermoso, Las Américas, Los Agustinos, San José y Avenida Marcelino Palacio, corresponde martes o viernes.

En Las Delicias, Estrada, Galán, San Ignacio y Sierra Morena, los días establecidos son miércoles o sábado.

Zona 3

La Arboleda, Belén, Betania, Fátima, Kennedy, La Estrella, Pío XII y Vivienda Popular cuentan con recolección martes o viernes.

En La Camelia, Guayacanes, Palermo, Palogrande y Sancancio, corresponde miércoles o sábado.

Los recorridos rurales por demanda se atenderán lunes o jueves.

Zona 4

Comprende Cervantes, Colombia, El Campín, Fundadores, Lleras, Uribe, Vélez y Versalles, con recolección lunes o jueves.

En Arrayanes, El Prado, Bajo Prado, El Paraíso, González, El Guamal, Villacarmenza y Persia, corresponde martes o viernes.

En Aranjuez, Camilo Torres, Las Colinas y Malhabar, la jornada será miércoles o sábado.

Zona 5

Incluye Buena Esperanza, La Castellana, Centenario, El Bosque, El Carmen y San Antonio, con recolección lunes o jueves.

En 20 de Julio, Campoamor, Marmato, El Nevado y San Joaquín, corresponde martes o viernes.

Para El Arenillo, Estambul, Los Nogales y Panorama, las jornadas son miércoles o sábado.


Del escombro al espacio comunitario

A primera vista, retirar escombros de una calle y reconstruir una sede social rural parecen tareas que pertenecen a mundos distintos.

Una ocurre sobre el espacio público urbano.

La otra, en lugares de encuentro de comunidades rurales.

Pero ambas forman parte de una misma necesidad: recuperar la habitabilidad del territorio.

Un espacio público lleno de materiales derivados de una emergencia transmite una ciudad todavía alterada.

Una sede comunitaria deteriorada limita la capacidad de una vereda para encontrarse y desarrollar sus actividades.

Por eso, recuperar después de una emergencia no significa únicamente reconstruir estructuras dañadas.

También significa restablecer condiciones para que los ciudadanos vuelvan a utilizar sus espacios.

Una calle despejada vuelve a ser transitable.

Una sede con una cubierta segura vuelve a ser utilizable.

Una rampa permite que más personas puedan acceder.

Un kiosco crea un nuevo punto de encuentro.

Un puesto de salud acondicionado recupera condiciones para prestar sus servicios.

Son acciones pequeñas si se observan individualmente.

Pero juntas construyen algo mayor: normalidad.


La recuperación también se construye desde lo cotidiano

Las grandes obras suelen concentrar la atención porque sus cifras son visibles.

Millones de pesos.

Miles de metros cuadrados.

Grandes contratos.

Pero la infraestructura que sostiene la vida cotidiana tiene otra escala.

Una puerta que falta.

Un cielorraso deteriorado.

Una cubierta que necesita ser reemplazada.

Una rampa que no existe.

Un cerramiento insuficiente.

Un espacio que perdió su función.

Y también una pila de escombros que permanece en una calle después de una emergencia.

Son problemas que quizá no aparecen en los grandes mapas de infraestructura, pero que determinan cómo las personas viven y utilizan su territorio.

Las seis sedes rurales y la estrategia de recolección de escombros se ubican precisamente en ese nivel.

El de las soluciones concretas.

El de las intervenciones que no necesariamente transforman el paisaje completo de Manizales, pero sí pueden cambiar la experiencia diaria de una comunidad.


Una ciudad que se recupera también necesita volver a encontrarse

La emergencia del 10 de agosto dejó una agenda de reconstrucción que todavía tendrá que desarrollarse durante meses y posiblemente años.

Pero mientras se resuelven los grandes daños, existe otra tarea menos visible: recuperar la vida cotidiana.

Que una persona pueda llegar a una sede comunitaria.

Que un adulto mayor encuentre un espacio seguro.

Que una comunidad rural tenga un lugar donde reunirse.

Que un puesto de salud pueda funcionar en condiciones adecuadas.

Que una calle quede libre de materiales que representan riesgos.

Que los vecinos sepan dónde solicitar el retiro de los escombros.

La recuperación territorial ocurre también allí.

En esos lugares donde la infraestructura deja de ser una cifra presupuestal y vuelve a convertirse en algo tangible para las personas.

En Manizales, cinco sedes sociales rurales ya están en obra y una más espera comenzar.

Al mismo tiempo, una línea de WhatsApp busca organizar la salida de los materiales que dejó la emergencia.

Son dos movimientos aparentemente diferentes.

Pero ambos apuntan en la misma dirección:

volver a poner el territorio en condiciones para que la comunidad pueda habitarlo, utilizarlo y encontrarse en él.

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