Manizales recupera sus espacios: patrimonio, infraestructura comunitaria y arte transforman la ciudad

Territorio & Infraestructura

Manizales revisa su patrimonio y mejora sedes sociales y espacios públicos mientras avanza la recuperación tras el sismo.

Manizales revisa inmuebles patrimoniales, interviene 19 sedes sociales y transforma espacios públicos mediante arte urbano mientras avanza la recuperación posterior al sismo del 10 de agosto, con acciones de conservación, mantenimiento y adecuación que buscan proteger la vida, garantizar servicios comunitarios y fortalecer la identidad de la ciudad.


Después del sismo, Manizales enfrenta el reto de revisar sus inmuebles y, al mismo tiempo, mantener la recuperación y adecuación de los espacios que sostienen la vida comunitaria y la identidad urbana.

La recuperación de una ciudad no ocurre solamente en las grandes obras de infraestructura. También se construye en los edificios que conservan su memoria, en las sedes donde se reúnen las comunidades y en los espacios públicos que adquieren nuevos significados.

En Manizales, tres intervenciones desarrolladas por la Administración Municipal muestran distintas dimensiones de ese proceso: la revisión de los inmuebles del Centro Histórico después del sismo del 10 de agosto, el mantenimiento de 19 sedes sociales urbanas y la intervención artística de la denominada Calle de Las Guapas.

Son actuaciones diferentes, con objetivos distintos y en escalas también diferentes. Pero juntas permiten observar una ciudad que, mientras evalúa los efectos de la emergencia, continúa interviniendo su infraestructura y buscando nuevas formas de conservar, recuperar y apropiar sus espacios.

El Centro Histórico, entre la seguridad y la memoria

Uno de los mayores desafíos posteriores al sismo está en determinar qué ocurrió con los inmuebles que forman parte del patrimonio arquitectónico de Manizales.

La Unidad de Patrimonio de la Secretaría de Cultura y Civismo continúa realizando visitas preliminares a los inmuebles que integran el Conjunto de Arquitectura Republicana, con el propósito de conocer sus condiciones, identificar situaciones que requieran seguimiento y fortalecer las acciones de conservación.

El balance disponible al 25 de agosto muestra que, entre los inmuebles visitados, el 65,12 % fue identificado preliminarmente como habitable.

Sin embargo, el panorama no es homogéneo.

El 8,31 % aparece como no habitable, el 17,94 % presenta uso restringido y el 8,64 % está en condición de peligro de colapso.

Las cifras son preliminares y pueden cambiar a medida que continúen las visitas y se consolide la información.

La lectura de estos porcentajes exige además una consideración fundamental: detrás de cada inmueble hay una combinación de seguridad, actividad económica, vivienda, patrimonio e identidad urbana.

El Centro Histórico no es únicamente un conjunto de edificaciones antiguas. Es parte de la memoria física de Manizales y contiene inmuebles cuya conservación está sometida a normas específicas por su valor arquitectónico y cultural.

Por eso, la revisión posterior al terremoto cumple una doble función: proteger la vida y determinar cómo conservar aquello que representa parte de la historia de la ciudad.

Los Bienes de Interés Cultural también están bajo revisión

El proceso incluye de manera específica los Bienes de Interés Cultural (BIC).

La Unidad de Patrimonio reporta avances en la visita del 74,38 % de estos inmuebles, mientras el 25,63 % continúa en proceso de verificación de información.

La Administración Municipal plantea acompañar a propietarios y responsables de los BIC en los trámites y procedimientos necesarios para realizar mejoras, intervenciones y acciones de conservación, siempre dentro de la normativa vigente.

La tarea, por tanto, no termina con determinar si un edificio es habitable.

Después viene una fase igualmente compleja: establecer qué intervenciones son necesarias, cuáles pueden realizarse, bajo qué condiciones y cómo garantizar que la recuperación no termine afectando los valores patrimoniales que precisamente se busca proteger.

En este trabajo ha sido fundamental la participación de la ciudadanía.

Habitantes, propietarios, comerciantes y otros ciudadanos han facilitado el acceso a los inmuebles para permitir las visitas. Además, alrededor de 60 voluntarios, entre arquitectos, ingenieros y otros profesionales, han aportado sus conocimientos al proceso en el área del Centro.

Ese componente ciudadano convierte la revisión en algo más que una inspección técnica.

Es también un ejercicio colectivo para determinar cómo una ciudad afectada por un fenómeno natural puede proteger simultáneamente a sus habitantes y su memoria construida.

La infraestructura que sostiene la vida de los barrios

Mientras el Centro Histórico enfrenta el desafío de preservar su arquitectura, en otros sectores de Manizales se desarrolla un programa de intervención de 19 sedes sociales urbanas, con una inversión de $907 millones.

Las obras buscan mejorar las condiciones físicas de estos espacios y garantizar que puedan continuar prestando servicios a las comunidades.

La intervención responde principalmente a solicitudes ciudadanas y a necesidades identificadas durante los recorridos del programa Gobierno en la Calle.

El contrato tiene un plazo de cuatro meses y, según el cronograma reportado, las obras avanzan aproximadamente en la mitad de su periodo de ejecución, con terminación prevista para octubre.

De las 19 sedes incluidas:

  • 9 están en ejecución.
  • 8 están pendientes por iniciar.
  • 2 ya fueron terminadas.

Los trabajos incluyen reparación y cambio de cubiertas, atención de goteras, pintura y diferentes acciones de mantenimiento y adecuación.

Puede parecer una intervención menor frente a los grandes proyectos urbanos, pero las sedes sociales cumplen una función esencial en la vida cotidiana de las comunas.

Allí funcionan sedes comunales, CISCOS, telecentros y espacios destinados a servicios para niños y niñas.

Son lugares donde se desarrollan reuniones, actividades sociales, procesos comunitarios y diferentes iniciativas de participación.

Por eso, mantenerlos en buenas condiciones no representa únicamente una mejora física.

También significa mantener habilitados los lugares donde se organiza y se relaciona la comunidad.

Del techo de una sede a la seguridad de los niños

Uno de los casos destacados está en la sede del ICBF de Solferino, donde se realiza el cambio completo de una antigua cubierta de asbesto cemento que presentaba un avanzado deterioro.

La intervención permitirá mejorar las condiciones de seguridad y bienestar de los niños y niñas que utilizan diariamente el espacio.

Es un ejemplo de cómo la infraestructura pública puede tener una incidencia directa sobre la calidad de los servicios.

Una cubierta deteriorada no es solamente un problema constructivo. Puede afectar la seguridad, limitar el uso de los espacios y deteriorar las condiciones en las que se desarrollan actividades destinadas a la comunidad.

En otras sedes se adelantan trabajos diferentes.

Actualmente están en ejecución intervenciones en las sedes comunales de Vivienda Popular, Solferino, barrio Colombia y Betania; en los telecentros Malhabar; en el CISCO San Cayetano, donde se realiza un cerramiento; en el CISCO Malhabar; en la Junta de Acción Comunal de Las Colinas y en el CDI Solferino.

Ya fueron terminadas las intervenciones en Peralonso, con trabajos de cerramiento en el Mercado Libre, y en la Sede Comunal Villa Luz.

Mientras tanto, permanecen pendientes de iniciar las obras en Villahermosa, La Sultana, Aranjuez y La Cumbre, además de los telecentros El Campín y La Enea, el mantenimiento general del CISCO San Cayetano y el CDI San José.

La distribución territorial de estas obras muestra otra dimensión de la infraestructura urbana: no se trata únicamente de grandes edificios o vías, sino de una red de espacios pequeños y medianos que permiten que la vida comunitaria funcione.

Cuando el espacio público también cuenta una historia

La tercera intervención introduce un elemento diferente: el arte urbano como herramienta de apropiación territorial.

En la Calle de Las Guapas, la Alcaldía de Manizales culminó una intervención artística desarrollada en el marco de los Estímulos Culturales.

El artista urbano Sepc desarrolló una propuesta que busca reconocer las comunidades que convergen en este sector y conservar elementos que históricamente han identificado el lugar.

Uno de los componentes centrales fue mantener el tradicional lettering de “Las Guapas”, considerado parte de la identidad visual del espacio, mientras se incorporaron nuevos elementos gráficos.

Lo que se busca es darle representación a las comunidades que allí convergen. Por eso fue fundamental mantener un poco la identidad que siempre ha habido allí, conservar el tema del lettering de ‘Las Guapas’ y sumar otros elementos que también den esa identidad y representación de las comunidades que habitan el espacio”, explicó Sepc.

Fotografía y audio del artista de arte urbano

La intervención plantea así una pregunta interesante sobre la infraestructura urbana: ¿puede un espacio transformarse sin perder aquello que lo hace reconocible?

En este caso, la respuesta buscó estar en la combinación entre memoria y renovación.

No se trató simplemente de pintar un muro.

La intención declarada es fortalecer la apropiación del espacio público mediante una intervención que reconozca las historias, identidades y expresiones de las comunidades que hacen parte del sector.

Tres escalas para recuperar una ciudad

Los tres procesos permiten observar diferentes escalas de la transformación urbana.

En el Centro Histórico, la prioridad es conocer el estado de las edificaciones después del terremoto y establecer cómo proteger simultáneamente la vida y el patrimonio.

En las sedes sociales, la intervención se concentra en garantizar condiciones físicas adecuadas para espacios donde se desarrollan actividades comunitarias y servicios sociales.

En la Calle de Las Guapas, el espacio público se transforma mediante el arte para reforzar la identidad y la apropiación ciudadana.

No son obras equivalentes ni responden al mismo problema.

Pero todas hablan de una misma ciudad.

Una ciudad en la que la infraestructura tiene una dimensión física, pero también social, cultural y patrimonial.

La recuperación no termina cuando pasa la emergencia

El sismo del 10 de agosto introdujo una urgencia evidente: determinar qué edificaciones son seguras y cuáles requieren restricciones, intervención o seguimiento.

Pero la recuperación urbana tiene un horizonte más amplio.

Mientras se revisan inmuebles afectados, continúan obras de mantenimiento en barrios y se intervienen espacios públicos, también se define qué ciudad quedará después de la emergencia.

La conservación del patrimonio determinará qué parte de la memoria arquitectónica permanece.

El mantenimiento de las sedes sociales determinará dónde podrán seguir encontrándose las comunidades.

Y la apropiación de espacios como la Calle de Las Guapas contribuirá a definir cómo los ciudadanos reconocen y resignifican sus propios territorios.

Por eso, hablar de infraestructura después del sismo no debería limitarse a hablar de cemento, cubiertas, muros o edificaciones.

También implica hablar de memoria, seguridad, comunidad e identidad.

Manizales tiene ahora el desafío de recuperar lo que fue afectado, mantener lo que funciona y transformar aquello que necesita una nueva vida.

El reto será conseguir que esas tres acciones —conservar, reparar y transformar— no compitan entre sí, sino que formen parte de una misma visión de ciudad.

Porque reconstruir Manizales no significa solamente volver a poner de pie sus edificios.

Significa también mantener vivos los espacios donde la ciudad se reconoce, se reúne y construye su futuro.

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