El cabo segundo Rodrigo Villescas, un veterano de la Guerra de Corea de 96 años y manizaleño por adopción, recibirá la Medalla «Embajador por la Paz» del Ministerio de Patriotas y Asuntos de Veteranos de la República de Corea.

El cabo segundo Rodrigo Villescas, veterano caldense por adopción de 96 años, recibirá la Medalla, imposición que realiza la Dirección de Veteranos y Rehabilitación Inclusiva, mañana 27 de mayo de 2026 en Manizales, en una ceremonia presidida por el director de la DIVRI, el Mayor General (r) Gustavo Adolfo Ocampo Nahar. Este homenaje exclusivo coincide con una coyuntura global histórica: la reciente inauguración del Jardín de la Gratitud en la icónica Plaza Gwanghwamun de Seúl, donde Corea del Sur rinde tributo a Colombia como el único país de América Latina que envió más de 5,000 combatientes a defender su soberanía.
El Héroe de Comunicaciones que Conectó a Manizales con el Paralelo 38
- Especialidad estratégica: El cabo Rodrigo Villescas no solo portó el fusil, sino que operó las comunicaciones del Batallón de Infantería N.° 1 “Colombia” en 1953, un rol crítico en un terreno montañoso y con temperaturas extremas de hasta -20 °C donde el tendido de líneas y las transmisiones de radio decidían victorias o retiradas.
- El arraigo caldense: Aunque nació en Caparrapí (Cundinamarca), Villescas encarna el civismo manizaleño; tras la guerra eligió a la «Ciudad de las Puertas Abiertas» para fundar su hogar con Belén Guzmán Mejía, tejiendo un puente directo entre la historia militar global y el barrio caldense.
La prestigiosa condecoración será otorgada en la ciudad de Manizales por el Mayor General (r) Gustavo Adolfo Ocampo Nahar, director de la Dirección de Veteranos y Rehabilitación Inclusiva (DIVRI) del Ministerio de Defensa Nacional. Este emotivo y exclusivo acto de justicia histórica coincide con un hito de diplomacia global: la inauguración en mayo de 2026 del Jardín de la Gratitud en la emblemática Plaza Gwanghwamun de Seúl. En ese espacio público, que recibe más de 27 millones de turistas al año, el gobierno de Corea del Sur ha inmortalizado a Colombia como el único país de América Latina que envió tropas para defender su libertad.
Este reportaje especial de mi Manizales del Alma! desentraña la travesía humana del cabo Villescas, examina el peso numérico del Batallón Colombia y analiza cómo aquella hermandad de sangre en las trincheras del Paralelo 38 se transformó, siete décadas después, en una poderosa alianza de inversión tecnológica y sostenibilidad ambiental que hoy impulsa el desarrollo de ciudades colombianas como Medellín y Santa Marta.
El Héroe de las Comunicaciones que eligió a Manizales
Nacido el 9 de noviembre de 1929 en la vereda Dindal, ubicada en el municipio de Caparrapí (Cundinamarca), Rodrigo Villescas sintió desde muy joven el llamado del servicio a la patria. Ingresó al Ejército Nacional de Colombia en 1951. Su disciplina, agudeza mental y sobresaliente desempeño en el terreno militar le valieron un rápido ascenso al grado de Cabo Segundo en 1953, un año que marcaría un punto de inflexión definitivo en su existencia y en la historia de la geopolítica global.
Ese mismo año, el joven suboficial fue asignado al Batallón de Infantería N.° 1 “Colombia”. Esta unidad élite representó al país en la Guerra de Corea bajo la bandera de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Lejos del trópico colombiano, Villescas se enfrentó a un escenario hostil caracterizado por un terreno montañoso desconocido y temperaturas invernales extremas que descendían habitualmente por debajo de los -20 grados centígrados.
En medio de la crudeza del conflicto, el cabo Villescas asumió una de las responsabilidades más críticas y silenciosas de la guerra: el área de comunicaciones. Su labor diaria consistía en garantizar el tendido de líneas telefónicas de campaña, operar los radiotransmisores y asegurar que las órdenes del comando central llegaran de forma nítida e ininterrumpida a las primeras líneas de defensa en las trincheras. En un entorno bélico donde las transmisiones interceptadas o los cables cortados por la artillería enemiga significaban la pérdida de decenas de vidas, la precisión y la serenidad de Villescas bajo el fuego directo jugaron un rol fundamental en la supervivencia de sus compañeros.
Al terminar su misión y regresar al territorio nacional, Rodrigo Villescas decidió trazar un nuevo rumbo geográfico para su vida. Atraído por el civismo, el clima y la calidez humana del eje cafetero, se radicó de forma definitiva en Manizales. En la «Ciudad de las Puertas Abiertas», el veterano construyó su proyecto de vida más duradero junto a su esposa, Belén Guzmán Mejía. Fue en las calles manizaleñas donde el cabo aplicó los valores de la disciplina militar para formar a su familia, convirtiéndose con el paso de los años en un símbolo vivo del patrimonio histórico y moral de la capital de Caldas.
El peso del Batallón Colombia: Sangre y honor en cifras
La participación de las Fuerzas Militares de Colombia en la península coreana entre 1951 y 1954 no fue un acto meramente simbólico. Representó un despliegue operacional de gran envergadura institucional que transformó por completo la doctrina de combate del Ejército Nacional. A continuación, se detallan las variables numéricas y los hechos clave que dimensionan el sacrificio colombiano en Asia:
Datos clave de la participación colombiana (1951 – 1954)
- Pie de fuerza total desplegado: Un total de 5,062 combatientes colombianos integraron los sucesivos relevos de tropas en el frente asiático.
- Costo en vidas humanas: El conflicto dejó un saldo trágico pero heroico de 196 militares muertos en combate, 448 heridos, 69 desaparecidos y 30 prisioneros de guerra que fueron liberados tras el armisticio.
- Aporte de la Armada Nacional: Colombia no solo envió infantería. La soberanía marítima aliada contó con el despliegue estratégico de tres fragatas: la ARC Almirante Padilla, la ARC Capitán Tono y la ARC Almirante Brión.
- Liderazgo militar: El Batallón inició operaciones bajo el mando del Teniente Coronel Jaime Polanía Puyo, quien posteriormente fue relevado por el Teniente Coronel Alberto Ruiz Novoa.
- Teatros de operaciones memorables: Las tropas colombianas demostraron un valor excepcional en batallas sangrientas de la Guerra Fría, destacando su resistencia en la Operación Nómada, la Batalla de Old Baldy (conocida como el Cerro de los Calvos) y la defensa del Cerro Hook.
Para comprender la magnitud de este despliegue y cómo Colombia se posicionó frente a las principales potencias globales aliadas que acudieron al llamado de la ONU, el siguiente gráfico ilustra de manera clara la escala del contingente militar humano enviado al teatro de operaciones:

La Conexión Geopolítica: El Contexto Macroeconómico y de Inversión
- De la ayuda militar a los TLC: En los años 50, Colombia extendió su mano militar a una Corea devastada; hoy, Corea del Sur devuelve ese sacrificio mediante millonarias inversiones en infraestructura y tecnología en Medellín y Santa Marta, además de cooperaciones en educación digital y desarrollo portuario.
- El Jardín de la Gratitud: Este mes de mayo se inauguró un imponente monumento en el corazón de Seúl. Colombia destaca con letras de oro en un espacio público visitado por más de 27 millones de turistas al año, consolidando una alianza que mutó de la trinchera al intercambio comercial masivo.
De las trincheras a la vanguardia urbana: La alianza económica en 2026
La herencia de fraternidad que hombres como Rodrigo Villescas sembraron en el siglo XX ha madurado en mayo de 2026 en una sólida alianza económica, científica y ambiental. Corea del Sur, convertida hoy en una de las mayores potencias tecnológicas y de innovación del planeta, canaliza su gratitud histórica hacia el territorio colombiano mediante ambiciosos proyectos de inversión pública y privada managed a través de la Agencia de Cooperación Internacional de Corea (KOICA). Esta cooperación binacional impacta de manera directa a dos capitales colombianas de gran importancia: Medellín y Santa Marta.
Medellín: Hacia un referente de economía circular y sostenibilidad
En la capital de Antioquia, KOICA y la Alcaldía de Medellín han formalizado una histórica inyección de recursos que asciende a los 16.4 millones de dólares (de los cuales el gobierno coreano aporta directamente 11.2 millones). Este megaproyecto, estructurado para ejecutarse de manera ininterrumpida entre los años 2026 y 2031, tiene como propósito fundamental transformar radicalmente el modelo de gestión de residuos sólidos orgánicos del distrito.
La inversión contempla el acompañamiento técnico de científicos coreanos, la implementación de sensores de inteligencia artificial en las plantas de tratamiento y el rediseño operativo del relleno sanitario La Pradera. Con este acuerdo, Corea del Sur busca convertir a Medellín en el principal referente ambiental y de economía circular de toda América Latina, demostrando que los lazos nacidos en el campo de batalla hoy salvan ecosistemas urbanos.
Santa Marta: El epicentro de la diplomacia científica oceánica
Por otro lado, la costa norte de Colombia es el escenario de otro avance de enorme trascendencia científica. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, junto con delegaciones del gobierno coreano y la Asociación de Estados del Caribe (AEC), inauguró oficialmente en Santa Marta el Centro Conjunto de Investigación Oceánica (CCIO) Corea–AEC.
Elegida como sede tras un riguroso proceso de postulación internacional, la capital del Magdalena se consolida en mayo de 2026 como el eje de la diplomacia científica del Caribe. El CCIO cuenta con financiamiento y laboratorios de última tecnología desarrollados en Seúl. Su misión principal es coordinar investigaciones estratégicas enfocadas en mitigar la crisis del sargazo, proteger los arrecifes de coral amenazados y desarrollar la «economía azul» en beneficio directo de las comunidades pesqueras tradicionales de la región costera.
El Jardín de la Gratitud: Un tributo eterno en Seúl
Mientras en Manizales se condecora el valor del cabo Villescas, al otro lado del océano la capital de Corea del Sur ha vivido su propia transformación conmemorativa. El Gobierno Metropolitano de Seúl inauguró en la Plaza Gwanghwamun el imponente Jardín de la Gratitud. Este espacio público rodea los monumentos más icónicos de la era Joseon, convirtiéndose en el epicentro donde la sociedad coreana rinde tributo formal a las 22 naciones aliadas que acudieron en su defensa durante la guerra.
El pabellón dedicado a Colombia ocupa un lugar de honor destacado en el jardín. Diseñado con una arquitectura moderna que entrelaza la flora nativa coreana con placas conmemorativas talladas en bronce, el monumento detalla las hazañas del Batallón Colombia ante los millones de visitantes que transitan anualmente por la plaza. Para las delegaciones diplomáticas y los miles de estudiantes coreanos que visitan el lugar, la presencia de la bandera colombiana en Gwanghwamun es un recordatorio constante de que la libertad actual de su país está cimentada sobre el coraje de soldados hispanohablantes que cruzaron el planeta en defensa de los derechos humanos.
La ceremonia en Manizales, liderada por la DIVRI —entidad gubernamental nacida precisamente de un convenio de cooperación y financiación con la agencia coreana KOICA—, no representa únicamente una medalla protocolaria de fin de siglo. Es la constatación de que la memoria de hombres como Rodrigo Villescas permanece plenamente vigente en la conciencia colectiva de ambos países. Siete décadas después de apagar los transmisores de campaña en las trincheras, el viejo cabo segundo camina con la frente en alto por las calles de Manizales, sabiendo que su firma juvenil en los registros militares ayudó a edificar un puente indestructible de progreso, gratitud y fraternidad humana internacional.
El Legado Vivo del Paralelo 38
La historia del cabo segundo Rodrigo Villescas no pertenece al pasado; es un testimonio activo que redefine la identidad de Manizales y la proyección global de Colombia. Con frecuencia, las crónicas de guerra se archivan en tomos académicos distantes o son publicadas en secciones de entretenimiento como curiosidades, despojadas de su calor humano y de su impacto directo en el presente. Sin embargo, cuando un héroe de la comunicación militar de 96 años camina por las calles de la capital de Caldas, la historia universal deja de ser una abstracción de los libros escolares y se convierte en un patrimonio vivo que respira en nuestra propia comunidad.
El homenaje rendido por la DIVRI no es solo un acto de justicia institucional para un ciudadano ejemplar; es un poderoso recordatorio de que las decisiones valientes tomadas hace más de siete décadas continúan moldeando el destino económico, científico y cultural de nuestro país en pleno año 2026.
El periodismo que caracteriza a Mi Manizales del Alma encuentra su máxima expresión en este tipo de narritivas cruzadas. Al conectar la memoria íntima de Don Rodrigo con los rascacielos de Seúl, la inauguración del Jardín de la Gratitud en la Plaza Gwanghwamun y los modernos laboratorios de investigación ambiental en Medellín y Santa Marta, descubrimos la verdadera magnitud del esfuerzo del Batallón Colombia. Aquellos 5,062 soldados no solo defendieron una línea fronteriza en el Paralelo 38 bajo condiciones extremas; sembraron la semilla de una diplomacia de hermandad inquebrantable. Corea del Sur no olvida a quienes le tendieron la mano en su hora más oscura, y hoy retribuye ese sacrificio transformando el tejido urbano colombiano a través de la transferencia tecnológica, la sostenibilidad y la innovación.
Para Manizales, adoptar a un héroe de esta talla refuerza el orgullo civil y el sentido de pertenencia regional. La historia de Rodrigo Villescas y su esposa Belén Guzmán Mejía demuestra que los grandes eventos de la geopolítica mundial están intrínsecamente conectados con la vida cotidiana de las provincias colombianas. Preservar este relato en las plataformas digitales garantiza que las nuevas generaciones comprendan que la libertad de una de las mayores potencias económicas de Asia lleva una impronta colombiana indeleble. Al final del día, la condecoración entregada en la «Ciudad de las Puertas Abiertas» cierra un círculo perfecto de gratitud internacional: el mismo hilo de comunicación que el cabo Villescas operaba en las trincheras de 1953 sigue uniendo hoy, con total nitidez, el corazón de Caldas con el alma del pueblo coreano.


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