Volver a las aulas, reconstruirse por dentro: la educación de Caldas después del sismo

Educación, Ciencia & Futuro

Tras el sismo, Caldas y Manizales combinan regreso seguro a clases, acompañamiento emocional y cultura para reconstruir comunidad.

Después del sismo del 10 de agosto, autoridades educativas de Caldas y Manizales avanzan en el regreso seguro a las aulas y en la recuperación socioemocional de estudiantes, docentes y tutores, mientras espacios culturales como la Biblioteca Satélite La Enea mantienen abiertas oportunidades de lectura y creación para los niños, con acompañamiento institucional y comunitario.


La escuela también quedó sacudida

Un terremoto no termina cuando deja de moverse el suelo.

Para una comunidad educativa, sus efectos pueden permanecer en los edificios, pero también en los recuerdos, los miedos, las rutinas alteradas y las preguntas que aparecen cuando llega la hora de regresar a clase.

En Caldas, la recuperación educativa después del sismo del 10 de agosto está tomando precisamente esas dos dimensiones.

Por un lado, las autoridades deben determinar cuándo y dónde es seguro regresar a las aulas.

Por otro, necesitan acompañar a quienes regresan: niños, niñas, adolescentes, docentes, directivos y tutores que también vivieron la emergencia y que deben recuperar confianza para retomar el año escolar.

Y existe una tercera dimensión, menos visible pero igualmente importante: volver a encontrarse.

La educación no ocurre solamente dentro de una estructura física. También sucede en la conversación, en la lectura, en la música, en el juego, en la posibilidad de compartir con otros y en esos pequeños espacios cotidianos que ayudan a recuperar cierta normalidad.

Los tres insumos recientes provenientes de Manizales y Caldas muestran justamente ese proceso desde diferentes ángulos: la evaluación de las escuelas, el cuidado emocional de la comunidad educativa y la creación de espacios culturales para los niños.


Primero, regresar con seguridad

En Anserma, la Gobernación de Caldas y la Administración Municipal están revisando las condiciones de las sedes educativas para determinar dónde es posible avanzar hacia el retorno a la presencialidad.

El secretario de Educación de Caldas, Luis Herney Vargas Barrera, sostuvo una reunión de trabajo con el alcalde de Anserma, Ómar Andrés Reina, para revisar las condiciones de las instituciones educativas después del movimiento sísmico.

La tarea parece sencilla en el papel, pero implica una responsabilidad enorme: cada decisión sobre el regreso involucra la seguridad de cientos de estudiantes y trabajadores de la educación.

El secretario resumió así el propósito del trabajo:

“Buscamos alinearnos para garantizar el pronto regreso a clases de todos los niños de Anserma. Estamos contentos porque la Alcaldía y su equipo han demostrado eficiencia en esa articulación y en ese trabajo en pro de garantizar el pronto regreso a clases”.

Secretario de Educación de Caldas, Luis Herney Vargas Barrera

La palabra clave es pronto, pero acompañada de otra que resulta todavía más importante: seguridad.

No se trata simplemente de abrir las puertas de las escuelas.

Antes hay que saber cuáles pueden abrirlas.


Una evaluación para volver sin miedo

Uno de los casos revisados fue el de la Institución Educativa Aureliano Flórez Cardona, sede Simón Bolívar.

Después del sismo, la comunidad educativa solicitó una evaluación especializada de la infraestructura.

La respuesta incluyó la presencia de un ingeniero estructural que realizó la valoración correspondiente.

El resultado permitió despejar una de las principales preocupaciones de estudiantes, familias y docentes: la infraestructura no presenta daños que impidan el regreso a las actividades académicas presenciales.

El rector, Mauricio Antonio Restrepo Montes, explicó por qué esa evaluación era necesaria:

“Después del movimiento sísmico ocurrido el pasado 10 de agosto, para nosotros como institución educativa era fundamental contar con una evaluación especializada que nos permitiera conocer realmente las condiciones de la infraestructura y, sobre todo, tomar decisiones pensadas siempre en la seguridad de nuestros estudiantes, docentes y de toda la comunidad educativa”.

Rector de la IE Aureliano Flórez Cardona, Mauricio Antonio Restrepo Montes

La confirmación produjo tranquilidad.

“Hoy recibimos con mucha tranquilidad y, ante todo, con gratitud a Dios, la noticia de que la infraestructura no presenta daños que impidan que nuestros estudiantes puedan regresar a sus actividades académicas presenciales en la sede de Simón Bolívar”.

La escena muestra algo fundamental en cualquier proceso de recuperación después de un desastre: la evaluación técnica también puede convertirse en una herramienta para recuperar la confianza.

Saber que una escuela fue revisada por un especialista permite que la decisión de regresar no dependa únicamente de la voluntad de volver a la normalidad.

Depende de una valoración profesional.


Volver, pero hacerlo juntos

El rector también puso el énfasis en la articulación institucional.

“Cuando las instituciones trabajan unidas y responden oportunamente, quienes finalmente se benefician son nuestros estudiantes y sus familias”.

La frase resume uno de los grandes desafíos de la recuperación educativa.

La escuela puede pertenecer a una institución educativa, pero su seguridad involucra a muchas entidades: secretarías de educación, alcaldías, infraestructura, especialistas, directivos y familias.

El regreso a clases, por tanto, no es un acto administrativo aislado.

Es una decisión colectiva.

Y esa coordinación resulta especialmente importante cuando existen diferentes niveles de afectación entre las sedes educativas.

Mientras algunas pueden regresar a la presencialidad después de una evaluación favorable, otras pueden requerir intervenciones, restricciones o soluciones temporales.

La recuperación necesariamente avanza a diferentes velocidades.


Pero hay otro lugar que también necesita reconstruirse

Mientras en Anserma se revisan paredes, estructuras y condiciones de seguridad, en Manizales aparece otro desafío: ¿cómo se recupera emocionalmente una comunidad educativa después de vivir un terremoto?

La Secretaría de Educación de Manizales, en articulación con el Ministerio de Educación Nacional y aliados estratégicos, reunió en el Recinto del Pensamiento al equipo de tutores del programa PTAFI 3.0, Programa Todos a Aprender para la Formación Integral.

El objetivo fue reflexionar sobre los retos que enfrenta la comunidad educativa después de la emergencia y construir estrategias para fortalecer la recuperación socioemocional y contribuir a la adecuada culminación del año escolar.

La presencia de los tutores resulta relevante porque su trabajo alcanza diferentes instituciones educativas oficiales del municipio.

En esta nueva etapa, su función no se limita a los componentes académicos.

También deberán convertirse en parte de la red de apoyo que acompañará a niños, niñas y adolescentes después de una experiencia que pudo alterar su sensación de seguridad.


“Este terremoto nos movió el piso, pero no nos va a atajar”

Durante el encuentro participó Marta Isabel Serna Nieto, funcionaria del Ministerio de Educación Nacional y formadora del programa PTAFI.

Su mensaje condensó la actitud que atraviesa este proceso de recuperación:

“Este terremoto nos movió el piso, pero no nos va a atajar. Vamos a estar a la altura y vamos a responder con todo nuestro conocimiento, con toda nuestra fuerza y con toda nuestra resiliencia”.

La frase tiene una lectura que trasciende lo simbólico.

El desafío educativo después de una emergencia no consiste únicamente en recuperar contenidos académicos perdidos.

También consiste en reconstruir las condiciones emocionales necesarias para aprender.

Un estudiante que siente miedo, incertidumbre o inseguridad puede necesitar primero recuperar confianza antes de concentrarse nuevamente en matemáticas, lenguaje o cualquier otra asignatura.

Por eso el acompañamiento socioemocional comienza a ocupar un lugar central.


Los profesores también necesitan ser cuidados

Hay una dimensión que a veces queda fuera de las narraciones sobre las emergencias: quienes acompañan también necesitan acompañamiento.

Docentes y tutores no son espectadores externos del desastre.

También vivieron el sismo.

También tuvieron que enfrentar sus propias preocupaciones y, en muchos casos, continuar ayudando a otros mientras procesaban lo sucedido.

Por eso el encuentro de los tutores PTAFI tuvo una función que iba más allá de entregar orientaciones.

Fue también un espacio para encontrarse.

Para hablar.

Para reconocerse.

Para volver a compartir.

Marta María Cárdenas Barco, tutora PTAFI 3.0 de la Institución Educativa Rural La Trinidad, lo expresó de manera directa:

“A pesar de todo lo vivido desde el 10 de agosto, hoy nos permitimos volver a estar presentes, volvernos a unir y volvernos a compartir”.

Esa frase permite entender una parte esencial de la recuperación.

Antes de ayudar a otros a reconstruirse, quienes acompañan necesitan también reconocerse a sí mismos después de lo ocurrido.


“Primero hay que vivirlo”

La docente profundizó en esa necesidad de detenerse antes de continuar.

“Primero hay que vivirlo, hay que sentirlo, estar en el aquí y el ahora, permitirnos reconocernos y volver a vernos después de lo sucedido. Este espacio es para reconocernos a nosotros y volver a vivir momentos especiales, después de haber ayudado a tanta gente durante lo sucedido”.

No es una consideración menor.

En una emergencia existe una presión natural por avanzar rápidamente hacia la normalidad.

Hay que volver a trabajar.

Hay que volver a estudiar.

Hay que cumplir el calendario.

Hay que reconstruir.

Pero la recuperación emocional no necesariamente sigue el mismo calendario.

Algunas personas pueden necesitar tiempo para procesar lo sucedido.

De ahí que la estrategia educativa contemple herramientas como talleres de primeros auxilios psicológicos, orientados a fortalecer las capacidades de acompañamiento.

La recuperación de la infraestructura, en otras palabras, necesita ir acompañada de una recuperación humana.


PTAFI: de la formación académica al acompañamiento integral

El programa PTAFI trabaja áreas como lenguaje, matemáticas y formación integral.

Sin embargo, el contexto posterior al sismo modifica las prioridades.

Julián Franco Marín, profesional universitario de Mejoramiento de la Unidad de Calidad de la Secretaría de Educación de Manizales, explicó que el encuentro permitió proyectar el papel que tendrá el programa en esta nueva etapa:

“Estamos teniendo unas miradas y unos conversatorios sobre cuál va a ser la función del programa PTAFI en Manizales luego de la emergencia vivida por el sismo y cuáles son esas indicaciones para una efectiva culminación del año escolar”.

Y agregó:

“Los docentes asignados al programa PTAFI serán un apoyo y un aporte importante a la parte socioemocional de nuestros niños, niñas y adolescentes focalizados en las instituciones educativas del municipio de Manizales”.

Así, el programa adquiere una responsabilidad adicional.

No sustituye los procesos especializados de atención psicológica cuando estos sean necesarios, pero sí puede contribuir a construir una primera red de acompañamiento dentro de las comunidades educativas.


La escuela como lugar para volver a sentirse seguros

Una escuela no es únicamente un edificio donde se dictan clases.

Es un lugar donde los niños construyen relaciones, desarrollan rutinas, encuentran referentes adultos y crean una sensación cotidiana de pertenencia.

Cuando un terremoto altera esa rutina, recuperar la escuela significa también recuperar parte de ese sentido de estabilidad.

Por eso la evaluación estructural de una sede y el acompañamiento emocional no son dos procesos separados.

Son complementarios.

Una comunidad educativa necesita saber que el edificio es seguro, pero también necesita volver a sentirse segura dentro de él.

Esa diferencia es fundamental.

La primera puede determinarla un ingeniero.

La segunda requiere tiempo, acompañamiento, escucha y comunidad.


Y entonces aparece la cultura

Hay otro insumo que, a primera vista, podría parecer ajeno a la recuperación educativa.

La Biblioteca Pública Satélite La Enea anunció tres talleres para niños durante septiembre: oralidad, escritura y lectura.

Pero vistos dentro del contexto de la recuperación, estos espacios adquieren otra dimensión.

Porque la reconstrucción de una comunidad no ocurre solamente mediante grandes obras o programas institucionales.

También se construye en lugares donde los niños pueden hablar, imaginar, escribir, leer y crear.

La biblioteca programó el Taller de Oralidad para los días 8 y 15 de septiembre.

El Taller de Escritura tendrá lugar los días 9 y 16 de septiembre.

Y el Taller de Lectura se realizará los días 10 y 17 de septiembre.

Todos los encuentros están previstos entre las 3:30 y las 4:15 p. m., en la Biblioteca Pública Satélite La Enea.


Después de un terremoto, imaginar también es recuperar

Hay una poderosa relación entre lectura y recuperación.

Los libros permiten entrar temporalmente en otros mundos.

La escritura permite transformar emociones y experiencias en palabras.

La oralidad permite contar y escuchar.

Para un niño que acaba de vivir una experiencia disruptiva, recuperar esos espacios puede significar volver a tener momentos de curiosidad, juego y descubrimiento.

La biblioteca, entonces, funciona como un espacio de normalidad.

No porque ignore lo ocurrido.

Sino porque ofrece una posibilidad diferente de relacionarse con el mundo después de lo ocurrido.

Los tres talleres buscan fortalecer precisamente imaginación, creatividad y gusto por la lectura.

Y hay algo especialmente significativo en la secuencia propuesta.

Primero hablar.

Después escribir.

También leer.

Tres formas diferentes de relacionarse con las historias y con la propia voz.


La recuperación no tiene una sola puerta

Los tres procesos que hoy ocurren en la educación de Caldas permiten mirar la recuperación desde diferentes escalas.

En Anserma, la pregunta es estructural:

¿Esta escuela puede volver a recibir estudiantes de manera segura?

En Manizales, la pregunta es emocional:

¿Cómo acompañamos a quienes regresan después de haber vivido una emergencia?

En La Enea, aparece una tercera:

¿Cómo volvemos a crear espacios donde los niños puedan imaginar, expresarse y encontrarse?

Las respuestas son diferentes, pero forman parte del mismo proceso.

Porque reconstruir la educación no significa solamente reparar una escuela.

Significa reconstruir las condiciones para que aprender vuelva a ser posible.


El desafío de terminar el año escolar

Existe además una presión concreta: el año académico debe continuar.

El objetivo de las autoridades es garantizar una adecuada culminación del calendario escolar, pero el camino hacia ese objetivo no puede desconocer las circunstancias extraordinarias generadas por el sismo.

La presencialidad deberá avanzar allí donde las condiciones lo permitan.

Las sedes que requieran intervenciones necesitarán soluciones específicas.

Los docentes deberán incorporar nuevas herramientas de acompañamiento.

Los estudiantes necesitarán recuperar rutinas.

Y las familias tendrán que recuperar confianza en que sus hijos pueden regresar a sus espacios educativos.

Todo ello requiere coordinación.

Pero también paciencia.


Reconstruir no significa olvidar

Existe una tentación frecuente después de un desastre: hablar de volver a la normalidad.

Sin embargo, quizá el objetivo más realista sea construir una nueva normalidad.

Una en la que la comunidad educativa haya aprendido de la emergencia.

En la que existan mejores protocolos.

En la que docentes y tutores tengan más herramientas para responder emocionalmente.

En la que las evaluaciones estructurales sean tomadas con seriedad.

En la que las instituciones trabajen coordinadamente.

Y en la que los niños puedan recuperar sus espacios de aprendizaje sin que se les pida simplemente olvidar lo que vivieron.

La resiliencia no significa hacer como si nada hubiera ocurrido.

Significa reconocer lo ocurrido y encontrar herramientas para seguir adelante.


El conocimiento también es una forma de protección

La experiencia de estos días deja una enseñanza que puede trascender el sismo actual.

Las comunidades educativas necesitan preparación para emergencias físicas, pero también para emergencias emocionales.

Los docentes necesitan saber cómo actuar frente a un edificio afectado, pero también frente a un estudiante que tiene miedo.

Los directivos necesitan conocer las condiciones de su infraestructura, pero también reconocer cuándo una comunidad necesita detenerse y procesar lo vivido.

Los estudiantes necesitan regresar a las aulas, pero también encontrar allí adultos capaces de escuchar.

Por eso, los primeros auxilios psicológicos y la formación socioemocional pueden convertirse en capacidades permanentes.

No únicamente para este terremoto.

También para futuras situaciones de emergencia.


Volver a encontrarse es parte de la reconstrucción

Hay una frase de Marta María Cárdenas que quizá resume mejor que ninguna otra lo que está ocurriendo:

“A pesar de todo lo vivido desde el 10 de agosto, hoy nos permitimos volver a estar presentes, volvernos a unir y volvernos a compartir”.

Ese volver a estar presentes puede ser una de las expresiones más profundas de la recuperación.

Porque después de una emergencia, regresar físicamente no siempre significa haber regresado emocionalmente.

La escuela recupera su sentido cuando vuelven las voces de los estudiantes, las conversaciones de los docentes, los encuentros en los corredores y las historias que comienzan nuevamente.

La biblioteca recupera su sentido cuando un niño abre un libro.

Y una comunidad comienza a recuperarse cuando sus integrantes vuelven a reconocerse.


Caldas vuelve a aprender

El regreso a las aulas después del sismo será gradual y estará determinado por las condiciones de cada territorio y de cada sede educativa.

Pero el proceso ya está dejando una certeza: la recuperación educativa no puede reducirse a abrir puertas.

Hay que revisar estructuras.

Hay que garantizar seguridad.

Hay que acompañar emociones.

Hay que cuidar a quienes cuidan.

Hay que recuperar las rutinas.

Hay que mantener viva la curiosidad.

Y hay que crear espacios donde los niños puedan volver a imaginar el futuro.

En Anserma, una evaluación estructural permitió acercar a una comunidad educativa al regreso presencial.

En Manizales, los tutores PTAFI se preparan para acompañar emocional y pedagógicamente a estudiantes y docentes.

En La Enea, una biblioteca abre sus puertas para que los niños vuelvan a encontrarse con las palabras, los libros y las historias.

Son acciones diferentes.

Pero juntas cuentan una misma historia.

La reconstrucción de Caldas también ocurre en las aulas.

Y quizá una de las mejores maneras de saber que un territorio empieza a recuperarse sea escuchar nuevamente el sonido de los niños entrando a la escuela, conversando, leyendo, preguntando, creando y aprendiendo.

Porque el suelo pudo moverse.

Pero, como dijo Marta Serna, eso no significa que la educación vaya a detenerse.

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